La figura de la semana: Ángela Huergo Luz, la alero que siembra esperanza
La psicóloga preside el proyecto "Inshuti Kibuye", que impulsa iniciativas de educación, deporte y alimentación en Ruanda desde hace diez años

Ángela Huergo. / Mortiner
Una mujer valiente y empática que siempre está pensando en cómo ayudar a los que más lo necesitan. De esta forma definen quienes mejor la conocen a Ángela Huergo Luz, la responsable de "Inshuti Kibuye", el proyecto que acaba de cumplir una década dando soporte a cientos de personas en Ruanda.
Nacida en Madrid en 1958, Ángela Huergo disfrutó de una infancia repleta de actividad junto a su familia. Muchos son los recuerdos que guarda junto a sus padres, Ángela y Joaquín, y sus cuatro hermanos, con quienes siempre cuenta. Pese a la distancia, cada verano se desplazaban a Gijón en el Simca 1200 de su madre para veranear en una tierra especial para su padre, originario de Noreña.
Después de formarse en el colegio Sagrados Corazones, la protagonista de estas líneas optó por matricularse en la Universidad Autónoma de Madrid para estudiar Psicología. Sus logros académicos los compaginaba a la perfección con su gran pasión, el baloncesto, un deporte que le brindó experiencias inolvidables tanto de jugadora, en la posición de alero, como de entrenadora.
Por aquel entonces, Gijón todavía era solo un sinónimo de verano para Ángela Huergo. Todo cambió cuando a los 25 años, disfrutando de una noche de fiesta en la ciudad, conoció a José Luis Fernández Tonda, un médico recién licenciado del que rápidamente se enamoró. Ambos compartían valores de solidaridad, empatía, generosidad y compromiso con los demás.
Ángela Huergo ya había logrado completar su grado universitario y se había trasladado a León, donde su padre abrió una galería de arte al jubilarse como coronel. Allí continuó vinculada al baloncesto y trabajó como psicóloga interina en la diputación de León como especialista en autismo, llegando a aprobar la oposición que había preparado con esfuerzo y largas jornadas de concentración. Sin embargo, a aquella plaza nunca llegó a incorporarse porque decidió marcharse a África junto a José Luis Fernández Tonda, con quien se casó en 1986 antes de emprender aquel viaje soñado que marcaría el resto de sus vidas.
Rodeados de colinas, sin electricidad y trabajando a destajo, Ángela y José Luis comenzaron su andadura en África con energía y entusiasmo. Esta madrileña se encargaba de acompañar al médico en sus tareas sanitarias, ya fuera organizando la medicación de la clínica, poniendo vacunas o conduciendo una ambulancia por rutas llenas de obstáculos.
Tan solo llevaban un año allí cuando Ángela quedó embarazada de su primera hija, Ángela, para cuyo nacimiento regresaron a Gijón de forma momentánea. Después, ella se trasladó junto a su hija a la antigua capital de Burundi, Buyumbura, donde nacieron otros dos de sus cuatro hijos, Maite Muzakare y José Rubangisha. Allí se buscaba la vida dando clases de castellano y entrenando a jóvenes aficionados al baloncesto.
El estallido de la guerra civil de Burundi en 1993 se produjo cuando Huergo esperaba el nacimiento de su cuarto y último hijo, Miguel. A raíz de ese conflicto, la familia vivió una etapa de transición en Mallorca y Bélgica.
Huergo y sus hijos vivieron con miedo unos años en los que José Luis Fernández volvió solo a África para prestar ayuda en esos momentos tan complicados. Finalmente, él también tuvo que salir de aquella cruda realidad y decidieron emprender una nueva etapa en Latinoamérica, donde vivieron un año en Costa Rica, tres en Guatemala, uno en Argentina y diez en Nicaragua. En aquellos países, Ángela Huergo recuperó su trabajo de psicóloga y colaboró con diferentes orfanatos.
Sus tareas profesionales les llevaron más tarde a Marruecos y Burundi, pero otro conflicto les obligó a ser trasladados a Ruanda. Al margen de las importantes labores que desarrollaban, tomaron la decisión de crear "Inshuti Kibuye", una asociación volcada en iniciativas solidarias en Ruanda.
Desde el fallecimiento de Fernández Tonda en 2021, un año después de volver a Gijón por su jubilación, Huergo se encarga de llevar las riendas de un proyecto que da soporte a 480 personas y sirve más de 5.000 desayunos y comidas al mes. Para los ciudadanos de Ruanda, "Mamá Ángela" –así le llaman cada vez que llega– es un pilar fundamental que logró abrir una escuela infantil e impulsar otros proyectos como una escuela de fútbol. Su próximo gran reto tras el décimo aniversario de "Inshuti Kibuye", celebrado esta semana con una espicha en Somió, pasa por abrir un orfanato en Burundi.
En la actualidad, su tiempo se divide entre las temporadas que pasa en Ruanda y las que regresa a Gijón, la ciudad en la que reside su hija mayor y que le recuerda a su querido y añorado compañero de vida y en la que se siente "como en casa" al pasear por el Muro.
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