Noventa años de la destrucción de la iglesia de San Pedro de Gijón: la pérdida de su archivo con más de cinco siglos de conocimiento
En plena Guerra Civil se quemó y se dinamitó el templo

Las ruinas tras la destrucción del templo. | MUSÉU DEL PUEBLU D’ASTURIES

Sin ningún ánimo de levantar resquemores, odios y demonios pasados, solamente como hecho histórico, en el sentido ciceroniano de la Historia como maestra de la vida, recuerdo que hoy, 24 de agosto de 2026, hace noventa años fue incendiada y más tarde dinamitada la antigua iglesia de San Pedro. Las fotografías que muestran el estado en que quedó son desoladoras, un enorme montón de piedras. Hago esta introducción porque pertenezco y lucho por una España reconciliada que intentó y, en gran parte, consiguió superar el dramático trauma que deja siempre una atroz y fratricida guerra civil, como fue la nuestra. Es una equivocación imperdonable la ruptura y malversación que se pretende de ese histórico consenso logrado por la Transición. Serán condenados por la Historia.

La bahía de San Lorenzo sin la iglesia. / Muséu del Pueblu d’Asturies
Como en muchas familias españolas, este espíritu lo viví en la mía propia, donde las dolorosas heridas fueron superadas por la bondad (me atrevo a calificar de "santidad") de mi abuelo maestro de escuela que sufrió la pérdida injusta de uno de sus nueve hijos ejecutado, después de meses de encarcelamiento en Gijón. Y lo respiré en los largos años que estuve colaborando estrechamente con el arzobispo D. Gabino Díaz Merchán, –que merece ser canonizado– cuyo martirio de los padres es conocido.

La reconstrucción de la iglesia. / .
Con motivo de escribir este recordatorio de la Iglesia parroquial, me propuse consultar, con la ayuda del cronista de la ciudad, los periódicos de esos días de agosto del 36 y, ¡extraño!, nada se reseña, ni en "El Comercio" ni "El Noroeste". Es más, se titula reiteradamente con grandes caracteres que "La tranquilidad en la población es absoluta" y comentan las crónicas diarias que las calles se ven "extraordinariamente concurridas". Solo se informa de la incautación de edificios, como las Escuelas parroquiales de San Eutiquio, diversos colegios de religiosos, el Club de Regatas y hasta el Hospital de Caridad de la calle Cabrales. No concuerda con lo que describen otras fuentes que hablan de que esos días "había cadáveres tirados por las calles, edificios destruidos y fusilamientos…". Sin duda, la información en los medios estaba controlada y manipulada.

Unos hombres sentados en las escombros de la iglesia. / .
Testigo de este triste suceso fue el párroco de San Pedro, D. Ramón Piquero, uno de los pocos sacerdotes que salvó su vida, gracias al reconocimiento de su generosa caridad con los pobres y necesitados de Cimadevilla y la preocupación por su educación con las Escuelas parroquiales de San Eutiquio. Tan venerado y apreciado era que, refugiado y escondido en casa de unos vecinos, estaba permanente custodiada por los mismos milicianos.
Él mismo, en una sucinta nota escrita con preciosa caligrafía en el "Libro de cuenta y razón" o Libro de Fábrica en el que consignan las entradas y gastos anuales de la parroquia, único libro que se ha salvado del archivo parroquial, por cierto que comienza en 1877, nos da los principales datos de este trágico episodio.
En una nota anterior informa que durante la revolución de octubre de 1934, en los días 7 y 8, el crucero "Libertad" comenzó a bombardear el barrio por las casas de Santa Catalina (casas de Cuca) y el día 8 uno de los cañonazos rozó la torre de la Iglesia "desmochándola en unos dos metros". En esta, que encabeza como "Tremenda catástrofe", comienza diciendo que se acaban de pagar los gastos causados en la torre por el cañonazo del "Libertad" (5.982,89 pts) y que esta nueva catástrofe consistió en el incendio y destrucción de todas las iglesias parroquiales del concejo de Gijón, comenzando por las tres principales de la villa "el mismo día y a la misma hora, es decir a las doce de la noche y madrugada del día veinticuatro de agosto de mil novecientos treinta y seis".
Deplora los asesinatos de D. Juan Rilla, coadjutor de la parroquia durante treinta y cuatro años, de D. Francisco Mayor Vega y otros muchos sacerdotes de la Villa. Y añade que la de San Pedro ha sufrido un hecho irreparable: "no quedó nada del archivo –de cinco siglos– ropas, plata, etc…" La quema del archivo ha sido el mayor lamentable desastre, la pérdida de 500 años de historia de Gijón irrecuperables. Era la auténtica "memoria histórica" irreemplazable por sesgados relatos.
El templo parroquial, que el mismo D. Ramón Piquero dice en la nota que su edificación era 1411 y que, ya por muy deteriorado, Jovellanos, siendo ministro de Gracia y Justicia en 1798, quiso edificar uno nuevo, fue posible sustituirlo con el acertadísimo y bello proyecto de los hermanos arquitectos Somolinos, levantado entre 1945 a 1954, hoy icono de la ciudad, que hace sagrado este lugar sin duda el más visitado, pintado y filmado. El archivo es imposible recuperarlo. Cada semana recibo cartas solicitando datos de esos años. Eran gran parte de la historia de Gijón.
Hago esta memoria de los noventa años de la destrucción del templo parroquial con sola finalidad de alentar el gran espíritu de la transición española que es el de la reconciliación. Hay hechos que, como los incendios que sufrimos, cada vez serán más difícilmente de apagar.
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