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Todo lo que hay detrás del Hípico de Gijón: así se preparan los caballos en Las Mestas

Veterinarios, jinetes, mozos y herreros trabajan a diario para que los caballos lleguen en las mejores condiciones a la pista: "Cada uno tiene sus propias necesidades y los cuidados se adaptan a ellas"

Veterinarios y técnicos efectuando el primer control a los caballos.

Veterinarios y técnicos efectuando el primer control a los caballos. / Mario Canteli

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Miguel Martín

Caballos entrando y saliendo de las cuadras, jinetes sobre la pista de entrenamiento y veterinarios pendientes de cada movimiento. En Las Mestas, los saltos todavía esperan cuando los caballos ya están pasando su primer examen. La competición también se juega en las cuadras, en las herraduras y en cada revisión que determina si un animal está preparado para enfrentarse a la pista.

A primera hora de la mañana varios caballos ya pasaban por el control veterinario. Se comprueba su identificación mediante el microchip, la documentación, las vacunas y el estado general. También se toma la temperatura y se revisa que no haya heridas, lesiones visibles o cualquier señal que pueda hacer pensar que el caballo no está en condiciones de competir. El control sirve como primer filtro. Si durante la revisión aparece alguna anomalía en la forma de moverse o algún indicio de dolor, los veterinarios pueden observar al caballo con mayor detenimiento y valorar si necesita una exploración más exhaustiva. También hay caballos que llegan con pequeños golpes después del viaje o del entrenamiento, un problema menor puede desaparecer en un día y permitir que el animal compita con normalidad.

Entre los jinetes que conocen bien ese escenario está Jesús Garmendia. El donostiarra lleva más de 25 años regresando a Las Mestas y este verano vuelve a establecer en Asturias su base para desplazarse a las distintas pruebas. En Gijón compite en la prueba de cuatro estrellas con dos caballos: Caramel Blue PS, más veterano y Mycox, todavía en formación. "Para los caballos jóvenes es una prueba exigente", explica. Las pistas de arena rectangulares forman parte de su entorno habitual, mientras que una instalación grande como la de Las Mestas plantea otras dificultades. El caballo tiene que aprender a leer un espacio diferente, medir las distancias y acostumbrarse a un recorrido que exige más experiencia y fondo físico.

Ahí está uno de los atractivos para Garmendia: mientras uno de sus caballos ya conoce el oficio, el otro sigue acumulando kilómetros. Cada recorrido sirve para que el joven gane confianza y se vaya rodando frente a nuevos retos. "En los últimos años esta prueba ha recuperado el nivel y el encanto que la caracterizaba", señala Garmendia sobre una cita que afronta un año más con ilusión. "Siempre es una competición muy bonita", concluyó

Antes de que salten a la pista de Las Mestas, cada jinete, caballo y equipo se enfrenta a un trabajo que apenas se ve desde la grada. En las cuadras, la jornada gira alrededor de una rutina que se mantiene durante todo el año. Entrenamiento, alimentación y descanso forman parte de una preparación en la que también cuenta saber cómo se encuentra cada animal.

"Los caballos tienen un horario y una rutina para que estén lo mejor posible", explica Kenny López, cuidador de caballos, como Chamant de Biolley, de 14 años. En su cuadra descansan un día a la semana y el resto mantienen el trabajo de preparación, con la singularidad de que cada ejemplar "tiene sus propias necesidades y los cuidados se adaptan a ellas". Esta rutina permite conocer las reacciones de cada caballo y detectar cualquier cambio en su comportamiento o en su estado físico para determinar si está en condiciones de participar en la competición.

A ras de suelo también se juega la competición. Juan Daniel Díaz se encarga de los cascos y los herrajes de los caballos, una tarea que puede requerir su intervención incluso durante el concurso. Un recorrido puede dejar un casco dañado o un herraje desplazado y obligar a repararlo antes de que el caballo vuelva a pista. "Si vienen aquí haciendo el recorrido y se machacan la mitad del casco, hay que repararlo o cerrarlo para que puedan continuar", explicó junto a su lugar de trabajo.

El terreno también cambia el trabajo. La lluvia y la humedad pueden modificar las condiciones de la pista y hacer necesario adaptar el herraje para mejorar el agarre. Los ramplones, colocados en los herrajes, ayudan a que el caballo encuentre apoyo durante los giros, las aceleraciones y los aterrizajes. "Si la pista está muy húmeda suelen ponerlos un poco más grande", señaló

Mientras tanto, la nueva pista de entrenamiento concentra buena parte de la actividad. Los caballos trabajan antes de afrontar los recorridos, los mozos siguen pendientes de ellos y los jinetes prueban sensaciones. En las cuadras se prepara cada detalle y, alrededor de la pista, el concurso empieza a tomar forma. Después llegará lo que ve el público: la campana, los obstáculos y los caballos atravesando la pista a toda velocidad. Pero, para entonces, buena parte del trabajo ya estará hecho.

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