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Cenero, a mesa puesta y con mucha música: "Esta no es la típica fiesta de pueblo"

La parroquia gijonesa termina sus festejos del Club de la Amistad con un espectáculo folclórico y una cita campestre: "Los jóvenes se están involucrando"

Cierre a las fiestas de Cenero

Alex Redruello

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Álex Redruello

Cenero puso el broche el domingo a sus días de fiestas vistiéndose de gala. Tras la solemne misa de la una de la tarde, acompañada por las gaitas y precedida por un espectáculo folclórico, el prao anexo a la abadía se transformó en un inmenso comedor al aire libre, un tapiz verde a la sombra de los árboles donde dio lugar la multitudinaria comida campestre del Club la Amistad, organizador de los festejos. Lejos del estruendo de las macrofiestas y de las orquestas de madrugada, esta cita de finales de agosto apostó por la pura esencia asturiana, el folclore en directo y la gastronomía casera: "Es la costumbre".

Además de la propia comida campestre y los bailes tradicionales al compás del tambor y la gaita, el origen de la festividad marca su singularidad. Juan Braña, un vecino de Cenero, explica que el alma de esta cita nace a varios kilómetros del Principado. "No es la típica fiesta de pueblo, es una fiesta que hacemos de convivencia de los vecinos por medio de un campamento de niños que hacemos en Valdebimbre, en León", relata Braña. "A final del verano nos juntamos con todos los niños y hacemos una especie de convivencia con ellos, venimos los padres y hacemos una comida campestre alrededor de la iglesia". Así, la explanada se convierte en el gran reencuentro, donde cada familia aporta su granito de arena.

Y ese granito de arena tiene su gran sabor a tradición. "Es ya costumbre de juntarse", explicaron Ester Alonso y José Álvarez, dos de los vecinos de Cenero, mientras observaban este domingo los bailes tradicionales a las puertas de la iglesia. "Trajimos cada uno algo, tortilla, empanada y bollos, y sidra para beber, por supuesto", explicaban estos dos vecinos. Este año, sin embargo, la organización quiso ir más allá de la simple comida campestre y sumó una parrilla, según explicó Adrián Fernández, aunque defendió que "lo tradicional" sigue siendo que cada asistente se lleve una ración de comida a compartir.

Los chicos de Club La Amistad, Adrián Fernández, Andrés Fernández, Mario Bautista y Fernando Bautista tras la barra de la cantina

Los chicos de Club La Amistad, Adrián Fernández, Andrés Fernández, Mario Bautista y Fernando Bautista tras la barra de la cantina / Álex Redruello

Fernández destacó también el hermanamiento cultural a la salida de la eucaristía con la presencia del grupo de danzas de Santa María del Páramo. "Ellos a bailar aquí y nosotros vamos el puente de septiembre, el de la Santina, a bailar allí", explicó. Además de la danza, la sobremesa estuvo amenizada por juegos que son ya historia viva de Cenero, como la emblemática "Aguja de oro", un peculiar certamen de pulso y paciencia que consiste en enhebrar el mayor número de agujas en apenas cinco minutos.

Todas estas costumbres son el tesoro que los más veteranos luchan por blindar. Consuelo González, presidenta de la asociación de vecinos de la parroquia, es una de las voces más firmes en la defensa de la identidad local y reivindicó con orgullo que el grupo folclórico "Turruxón", la agrupación de Cenero, tiene una gran tradición y una trayectoria consolidada. González señaló también la importancia de "defender lo propio" y de que nuevos vecinos se sumen a esta fiesta y a otras celebraciones como la del Cristo de la Abadía, en mayo.

El relevo que reclama la presidenta de la asociación vecinal parece estar calando. "Hace poco tiempo cambió la comisión de fiestas y lo cogió gente joven del pueblo. Hay que dejar paso a las siguientes generaciones", celebró Juan Braña. Lo defendieron también Alonso y Álvarez: "Los jóvenes están involucrados tanto en el grupo de baile como en la comisión de fiestas, los de aquí seguimos con ello y no fallamos". Con los culinos de sidra corriendo de mano en mano y el ritmo del tambor de fondo, Cenero demostró este domingo que la tradición y la juventud pueden seguir yendo de la mano.

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