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Fallece a los 97 años en Gijón el naturalista y amante de los bonsáis Rolf Beyebach: "Deja un legado muy importante"

El alemán, afincado en la ciudad desde 1968, cultivó durante décadas unos ejemplares que donó a la colección del Museo Evaristo Valle

Coetáneo de la Segunda Guerra Mundial, se libró de ser llamado a filas y fue director general de la factoría de refractarios Didier

Rolf Beyebach, hace unos años, en el Museo Evaristo Valle, con uno de sus bonsáis.

Rolf Beyebach, hace unos años, en el Museo Evaristo Valle, con uno de sus bonsáis. / Marcos León

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El mundo de los bonsáis está, desde este domingo, un poco más marchito. El economista, naturalista y deportista Rolf Beyebach ha fallecido a los 97 años de edad. Nacido en Chemnitz, en Alemania, se afincó en Gijón en 1968 y tiempo después emergió su interés por el arte del bonsái. Poco a poco, con paciencia y mimo, labró una recopilación con más de una veintena de ejemplares criados por él mismo a partir de plantones o semillas. Fue en 1986 cuando expuso por primera vez veintisiete de ellos en el Museo Evaristo Valle, donde repitió en 1992 y 1993 sendas muestras, hasta que en 1994 su colección pasó a conservarse y exponerse en el equipamiento gijonés. "Su legado es muy importante", reivindican sus allegados.

Uno de los actos más emotivos tuvo lugar en junio de 2024. Simbolizaba la donación de quince bonsáis de la colección de Rolf Beyebach al Evaristo Valle. Familiares, amigos y distintos artistas arroparon al alemán el día que cumplía 95 años. No obstante, el amor por la naturaleza de Beyebach no se limitaba solo a los bonsáis. Por ejemplo, en la década de los noventa cuidó con aire paternal cinco olmos "supervivientes" a la grafiosis, enfermedad que arrasó la especie unos años antes.

Rolf Beyebach no vivió una infancia sencilla. Coetáneo de la Segunda Guerra Mundial, fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y a punto estuvo de ser llamado a filas para el combate. Se libró por unas horas. Aprendió idiomas, español e inglés, y trabajó en un cuartel de almacenamiento americano. A Asturias arribó a finales de la década de los sesenta para dirigir la factoría de refractarios Didier en Lugones. Allí estuvo hasta su jubilación. El flechazo con la región fue eterno. "Era un enamorado de Gijón y de Asturias", afirma Adrián, uno de sus hijos. La familia se instaló en primera instancia en La Arena. Luego, en la parroquia de Somió, donde Rolf Beyebach dio rienda suelta a su pasión por los bonsáis. En Londres, en un viaje, adquirió el primero.

Beyebach se unió a la Asociación Española del Bonsái. En sus colaboraciones con el Museo Evaristo Valle llegó a "compartir" espacio con ejemplares provenientes de la Casa Real o del expresidente Felipe González. Pero, más allá de la botánica, el alemán era un amante del deporte. "Iba a esquiar a Pajares, jugaba al golf, nadaba en el Club de Regatas...", evoca su hijo Adrián, que define a su difunto padre como un hombre "serio". "Era formal pero muy cariñoso con nosotros; se complementaba muy bien con mi madre, que tenía un carácter más abierto", subraya Adrián Beyebach.

La viuda de Rolf, Sybylle, falleció en 2023. Nacida en Argentina y de padres alemanes, fue directiva de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Rolf también era socio de la entidad. "Pese a la edad y las dificultades era muy fiel y venía a todos los conciertos; le echaremos en falta", ensalza Antonio Hedrera, presidente de la Filarmónica.

Adrián Beyebach destaca la "formación y educación" que él y sus hermanos recibieron de su padre, que ha impregnado en la familia el amor por los bonsáis. "Esa tradición seguirá", confirma Adrián Beyebach. El fallecido deja cuatro hijos, Mark, Amaya, Adrián y Bert, y ocho nietos. Sus restos mortales se incinerarán mañana lunes, a las 20.30 horas, en el tanatorio de Cabueñes.

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