Los palcos de Las Mestas, el bien más "cotizado" del Hípico de Gijón
"Esto une a familias enteras; venir es tradición", aseguran los espectadores del certamen, que consiguió por vez primera la renovación de todas sus tribunas

Por la izquierda, Mari Pepa Rodríguez, Martina Reguero, Conchita Reguero, Anselmo García y Manuel Pérez, en su palco de Las Mestas. | JUAN PLAZA
El Concurso Hípico Internacional de Gijón transforma el hipódromo de Las Mestas en una fotografía colectiva. Miles de gijoneses acuden a diario a disfrutar de los saltos y, por encima de todo, a compartir una jornada con los suyos, con familiares y amigos. La hípica casi es una "excusa" para juntarse. Y los palcos, un lugar privilegiado para ello. El tirón es tal que esta edición, por primera vez, se renovaron los 266 disponibles. "Siempre deseamos que llegue el final de agosto para venir; une a familias enteras", afirman los espectadores.

De pie, por orden, Alicia Loureiro, Santiago Iglesias, José Luis Falcón y Miguel Redondo. Sentado, Alejandro Iglesias. | JUAN PLAZA
Los matrimonios formados por Alicia Loureiro y Santiago Iglesias y José Luis Falcón y Marta Rendueles son unos clásicos del palco de Las Mestas. "¿Cuánto hace que lo tenemos? Este era pequeñín", comentaba ayer Loureiro señalando a su hijo Alejandro. La comodidad de la tribuna, el no tener que preocuparse por si llueve, es un aliciente. "Hay mucha diferencia entre estar arriba y abajo", aseguró Flor Amez, también parte del grupo. "Vengo desde que tengo uso de razón; es una tradición", subrayó Alejandro Iglesias, que heredó de sus padres la costumbre de asistir al Hípico. Miguel Redondo es otro incombustible. "Vengo desde que tenía diez años y ahora tengo 72; vi saltar, por ejemplo, a Francisco Goyoaga", indicó, sentado, relajado, en su silla. Para Redondo, el Hípico es el "remate" del verano local.

Por la izquierda, Paloma Bernardo, Daniel Fuente, Pilar Cid, Martín Fuente, Luis Bernardo y Dolores Bernardo.
Las hermanas Martina y Conchita Reguero, fervientes aficionadas de la hípica, aguardaban en la tarde de ayer al inicio de la siguiente prueba desde uno de los palcos "bajos" de Las Mestas. "El tema de las apuestas es interesantísimo para la gente", sostuvo Martina Reguero, que ensalzó el valor social del certamen. "Hay amigos que se reúnen solo en el Hípico", resaltó. Para Mari Pepa Rodríguez, la afluencia de estos días está por las nubes. "Este año es el que más tirón está teniendo desde hace mucho", aseveró. Los palcos, por ende, también. "Están muy cotizados", proclamó Rodríguez.
"Ha llovido mucho desde la primera vez que vinimos", confesaba Pilar Cid. "Daniel venía en carricoche", decía Paloma Bernardo sobre su hijo Daniel Fuente. El hijo de Daniel, Martín, ya es un aficionado al Hípico con todas las letras a sus once años. La transmisión de generación en generación de esta pasión ecuestre es uno de los efectos colaterales de un concurso que evoca las memorias familiares y que, año tras año, llena los palcos. Agenciarse uno no es tarea fácil en Las Mestas, una parada obligatoria para apurar el verano. "No se plantea el no venir", como confirmó Dolores Bernardo.
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