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Gijón llora a Rolf Beyebach, el gran maestro de los bonsáis: "Era un enamorado de Asturias"

El naturalista alemán, afincado en Gijón desde 1968, donó en 2024 una valiosa colección al Museo Evaristo Valle: "Deja un importante legado"

Rolf Beyebach, hace unos años, en el Museo Evaristo Valle, con sus bonsáis. | MARCOS LEÓN

Rolf Beyebach, hace unos años, en el Museo Evaristo Valle, con sus bonsáis. | MARCOS LEÓN

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Gijón

El gremio naturalista está, desde ayer, más marchito. El economista, experto en bonsáis y deportista Rolf Beyebach ha fallecido a los 97 años de edad. Nacido en Chemnitz, en Alemania, se afincó en Gijón en 1968 y tiempo después emergió su interés por el arte del bonsái. Poco a poco, con paciencia y mimo, labró una recopilación con más de una veintena de ejemplares criados por él mismo a partir de plantones o semillas. Fue en 1986 cuando expuso por primera vez veintisiete de ellos en el Museo Evaristo Valle, donde repitió en 1992 y 1993 sendas muestras, hasta que en 1994 su colección pasó a conservarse y exponerse en el equipamiento gijonés. "Su legado es muy importante", reivindicaron ayer sus allegados.

Uno de los actos más emotivos tuvo lugar en junio de 2024. Simbolizaba la donación de quince bonsáis de la colección de Rolf Beyebach al Evaristo Valle. Familiares, amigos y distintos representantes de la escena artística y cultural arroparon al alemán el día que cumplía 95 años. "Es algo muy satisfactorio para mí; me quedo tranquilo", confesaba el protagonista durante el acto. No obstante, el amor por la naturaleza de Beyebach no se limitaba solo a los bonsáis. Por ejemplo, en la década de los noventa cuidó con aire paternal cinco olmos "supervivientes" a la grafiosis, enfermedad que arrasó la especie unos años antes.

Rolf Beyebach no vivió una infancia sencilla. Coetáneo de la Segunda Guerra Mundial, fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y a punto estuvo de ser llamado a filas para el combate. Se libró por unas horas. Padeció el racionamiento y echaba una mano en todo lo que podía para ayudar en casa. Aprendió idiomas, español e inglés, y trabajó en un cuartel de almacenamiento americano. A Asturias arribó a finales de la década de los sesenta para dirigir la factoría de refractarios Didier en Lugones. Allí estuvo hasta su jubilación. El flechazo con la región fue instantáneo y eterno. "Era un enamorado de Gijón y de Asturias", afirmó Adrián Beyebach, uno de sus hijos. La familia se instaló en primera instancia en La Arena. Luego, en la parroquia de Somió, donde Rolf Beyebach dio rienda suelta a su pasión por los bonsáis. En Londres, en un viaje, adquirió el primero.

Beyebach se unió a la Asociación Española del Bonsái. En sus colaboraciones con el Museo Evaristo Valle llegó a "compartir" espacio con ejemplares provenientes de la Casa Real o del expresidente Felipe González. Pero, más allá de la botánica, el alemán era un amante del deporte. "Iba a esquiar a Pajares, jugaba al golf, nadaba en el Club de Regatas...", evocó su hijo, que definió a su difunto padre como un hombre "serio". "Era formal, pero muy cariñoso con nosotros; se complementaba muy bien con mi madre, que tenía un carácter más abierto", subrayó Adrián Beyebach.

La viuda de Rolf, Sybylle, falleció en 2023. Nacida en Argentina y de padres alemanes, fue directiva de la Sociedad Filarmónica de Gijón. Rolf también era socio de la entidad. "Pese a la edad y las dificultades era muy fiel y venía a todos los conciertos; le echaremos en falta", ensalzó Antonio Hedrera, presidente de la Filarmónica.

Adrián Beyebach destacó la "formación y educación" que él y sus hermanos recibieron de su padre, que ha impregnado en la familia el amor por los bonsáis. "Esa tradición seguirá", confirmó Adrián Beyebach. El fallecido deja cuatro hijos, Mark, Amaya, Adrián y Bert, y ocho nietos. Sus restos mortales se incinerarán hoy lunes, a las 20.30 horas, en el tanatorio de Cabueñes. Gijón dice adiós a un pionero del cultivo del bonsái, si bien su memoria y su legado seguirán a resguardo en el Museo Evaristo Valle.

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