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Los saltos se despiden con nostalgia y récord

Las Mestas acoge en una soleada y familiar última jornada a 12.944 espectadores, la cifra más alta jamás registrada en un día de Hípico: "Esto está a reventar"

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Gijón

El Concurso Hípico Internacional de Gijón vivió una última fecha de récord. Por Las Mestas se pasaron ayer 12.944 personas. Nunca antes se había alcanzado tal cifra en una jornada. Gijoneses y visitantes atestaron el hipódromo, animados por la buena meteorología, para vibrar con un día de saltos, emociones, risas y la nostalgia inherente a cada final de edición. Esta 83.ª recibió en total, en sus seis días, a 53.651 espectadores, número ligerísimamente inferior al del pasado año. La media, de 8.941 cada jornada. El total apostado fue de 608.565 euros, con una media diaria de 101.427 euros.

Tratando de cobijarse a la sombra y a la espera del inicio de la siguiente prueba se encontraban en la tarde de ayer Óscar Flórez, Diego Rendueles, Pelayo Sol y Álvaro Ojeda. "Hemos venido varios días y ha sido muy entretenido", manifestó Rendueles. Álvaro Ojeda reivindicó un "genial ambiente" y sacó a colación uno de los motivos por los que el Hípico engancha tanto. "Hay esos nervios por ver quién gana", indicó. La melancolía se apoderó de muchos espectadores, para los que el certamen, a veces, funciona como "excusa" social. "Te reencuentras con gente a la que no ves a menudo, ves los caballos, tomas algo...", explicó Pelayo Sol. Buena fe de ello da Óscar Flórez, gijonés residente en Colombia. "Es una actividad diferente, para disfrutar del buen tiempo y cerrar el verano", aseveró el joven, para el que ayer, el último, fue "el mejor día de todos". A juzgar por la multitud que abarrotaba Las Mestas, tenía razón.

La madrileña Beatriz Ballesteros exprimió al máximo la última jornada con sus hijas Leonor y Beatriz Suárez, de doce y ocho años, respectivamente. La familia está de vacaciones en la ciudad. "Esto es un espectáculo; es un clásico venir al Hípico", comentó Ballesteros, que en sus tiempos montaba a caballo. Aprendiendo están las crías, por lo que la afición por la hípica se lleva en la sangre. Ayer era complicado dar un paso por Las Mestas sin tener que esquivar a otros espectadores. "Está a reventar", ratificaba Beatriz Ballesteros bajo un ardiente sol que supuso un acicate para que miles de gijoneses se pasasen por el hipódromo.

Una asistencia total de 53.651 aficionados

Entre gritos de decepción ante un derribo, apuntes en el libro de apuestas o miradas al programa, los asistentes apuraban la última tarde de saltos. Que el Hípico "se hereda" en Gijón lo confirmaron María Jesús Menéndez, su hijo Andrés Herrero y su nieto Raúl Herrero. "Yo venía sin apostar porque no tenía ni dinero para ello", bromeaba la abuela, a quien le costaba explicar por qué esta cita ecuestre es tan especial. "Es algo tan tradicional...", acertaba a decir. "El ambiente es muy bonito y las apuestas dan ese gusanillo", subrayó Andrés Herrero. La familia, en esta edición, acudió varios días. "Somos muy fieles", reivindicó Herrero, que destacó lo "animado" que estuvo el público en un certamen que "siempre tiene muchísimo tirón", resaltó. Ayer, eso sí, ya fuese por el soleado día o por ser el broche, la afluencia fue de escándalo. En determinados momentos de la tarde apenas podían vislumbrarse huecos libres en algunas zonas de Las Mestas.

Lo consiguieron las amigas ovetenses Ana González, Victoria Vega y Covadonga del Río. "Es un plan de cierre de verano", sostuvo González. Victoria Vega llevaba varios años sin Hípico. "Vine alguna vez de pequeña y ahora veo que es más popular", señaló la aficionada, para la que el tema de las apuestas supone un aliciente. "Llama a la gente", opinó.

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