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El trabajo sacrificado y la necesidad de tener muchas vacas, causas del desplome de la ganadería en Gijón: "A mi hijo le digo que sea mecánico, esto solo da problemas"

La mayoría de los ganaderos coincide en la complejidad burocrática para cobrar las ayudas de la PAC, fundamentales para la viabilidad de las explotaciones.

Iván Suárez Cañadas con dos de sus vacas en una finca de Granda.

Iván Suárez Cañadas con dos de sus vacas en una finca de Granda. / Luisma Murias

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Gijón

Un trabajo sacrificado, en el que los animales no tienen horario, y la necesidad de contar con un gran número de cabezas para poder vivir del ganado, en lugar de las pocas que antes había en cada casa de aldea, es lo que explica el drástico descenso de ganaderías en Gijón, según apuntan varios de los ganaderos que aún mantienen vivo el sector en Gijón. El concejo perdió un 70% de sus explotaciones ganaderas de vacuno en 26 años, tal como informó LA NUEVA ESPAÑA. Todos coinciden también en los problemas de "burocracia" para cobrar las ayudas europeas de la Política Agraria Común (PAC), sin las que las explotaciones no son viables.

A sus 63 años a Juan Vallina,que junto a su mujer Begoña Piñera le quedan pocos para jubilarse y "el día que estemos jubilados mi mujer y yo,habrá una explotación menos, porque mi hija la cuadra no quiere ni verla; el trabajo aquí no tiene horario, ni hay sábados, ni domingos, ni festivos y si una vaca se pone a parir a las tres de la madrugada, tienes que atenderla. Entre noviembre y agosto llevamos 104 partos".

Este veterano del sector comenzó a trabajar cuando tenía 16 años "con una vaca roxa". Ahora atienden a 240 cabezas de asturiana de los valles. En Santurio antes las casas tenían ganado, ahora "quedan mi ganadería de carne y la que tienen otros vecinos de leche, además de algunos que siguen con tres o cuatro vacas para que les mantengan los praos", explica. Para alimentar a su ganado, lleva fincas además de en Santurio en Somió, Cabueñes y Deva y, en el verano, envía una parte del ganado a pastar a Somiedo.

Begoña Piñera y Juan Vallina con algunas de sus reses en Santurio.

Begoña Piñera y Juan Vallina con algunas de sus reses en Santurio. / .

Si la hija de Juan Vallina no quiere darle el relevo a su padre, en el caso de Eva García, de 50 años y que gestiona una explotación de ganado de leche en Ruedes, es ella la que trata de quitarle de la cabeza a uno de sus hijos la idea de hacerse cargo de la explotación, dejando su trabajo en una industria.

El marido de Eva tiene otra explotación en otro concejo y hace una década valoraron invertir y unirlas. El descenso de los precios de la leche frustró aquella idea y ahora Eva García no sólo está esperando a jubilarse para cerrar su explotación, esperando que uno de sus hijos desista de tomar el relevo: "está trabajando de mecánico y le animo a que siga con ese trabajo. Aquí todo son problemas. El último la sequía, con lo que tenemos que comprar forraje de León, de Palencia o de donde sea", explica. En su caso tiene 50 cabezas de ganado, 20 de ellas en ordeño.

Chema Álvarez Cruz, vecino de Serín de 34 años, atiende ayudado por sus padres José María y Mari Carmen y su novia Ángela Cayado, a 150 reses de asturiana de los valles. Insiste en que ahora los ganaderos necesitan más formación. En su caso estudió veterinaria y hace tres años, cuando acabó la carrera, tomó las riendas de la explotación familiar (en la que ya estaba trabajando mientras estudiaba) y de la que en tres años duplicó el número de cabezas.

"Cerca de mi casa vi cerrar en pocos años tres explotaciones de leche, que estaban trabajando perfectamente y se me cayó el alma al suelo. Algo se está haciendo mal para que cierren tantas, con los costes de producción disparados, mientras que los precios de la carne apenas han subido en 30 años, por eso ahora se necesita tener más animales para vivir de esto".

En su caso, 160 reses de asturiana de los valles, para las que tiene que comprar forraje en Castilla, al no tener pastos suficientes en las fincas que lleva. "El problema en Gijón es que no tenemos pastos comunales, como en otros concejos, uy eso que a dos kilómetros de mi casa ha 12 hectáreas que la administración podía ceder para ello y que ahora están en estado de abandono", apunta.

Añade que "una de las problemáticas grandes, en especial con las vacas de leche, es la gestión de los purines. Y, además, gente que viene a vivir al campo en algunos casos llegan a denunciar por olores".

Por la izquierda, José María Álvarez Cruz, María del Carmen Cruz Mones, Ángela Cayado Quiñones y José María Álvarez Cruz, entre varias de sus reses, en Serín.

Por la izquierda, José María Álvarez Cruz, María del Carmen Cruz Mones, Ángela Cayado Quiñones y José María Álvarez Cruz, entre varias de sus reses, en Serín. / .

Iván Suárez Cañadas, de 39 años, con 153 vacas y terneras de carne repartidas en más de 150 hectáreas por fincas que lleva en Mareo, la Providencia, Granda, Castiello, Cabueñes, la Pedrera y Porceyo en Gijón, además de otras de Siero, explica que en su familia hasta hace dos décadas tenían vacas de leche en una finca en Granda que vendieron para edificar.

Con el relevo generacional, se pasó a la carne. Empezó a trabajar en el campo con 18 años, tras cursar un módulo de electromecánica. Ahora presta –con sus tractores– servicios agrícolas y también gestiona su cabaña ganadera, ayudado por dos empleados.

Sobre el cierre de explotaciones en Gijón en los últimos lustros, considera que se debe a que "las vacas no tienen horario y requieren de una flexibilidad grande, aunque las de carne no necesitas ordeñarlas dos veces al día, como las de leche, pero sí controlarlas y estar atento a los partos. Es un trabajo sacrificado".

Es un motivo relevante, pero no el único. Adrián Fernández Álvarez, de 30 años, empezó a trabajar en la ganadería familiar en cuanto cumplió la mayoría de edad. "En diez años pasamos de 20 a 120 animales" de carne, explica este ganadero de Cenero. ¿Motivo?. Actualmente "para poder vivir de esto necesitas como mínimo 70 u 80 madres, por eso muchas ganaderías pequeñas van cerrando", explica. En su caso salen adelante llevando fincas de más de media docena de caserías grandes de Cenero.

Los altos costes de la maquinaria, del gasóleo y otros productos necesarios, así como el "excesivo papeleo y burocracia con las subvenciones de la PAC, que exige cosas que muchas veces no son posibles en Asturias como con los purines" son algunas de las preocupaciones de este ganadero.

Subvenciones

Las necesidades de ayuda para el sector y la burocracia para su cobro son también factores en los que incide Héctor Menéndez, ganadero de Caldones de 45 años, con 250 animales de carne. "El mayor problema para el campo es la gestión de las ayudas de la PAC, porque sin las subvenciones no habría ni una ganadería".

Este ganadero explica que en Gijón hay más ganaderías de carne que de leche, porque estas últimas "requieren inversiones altísimas y el terreno en muchas zonas de Gijón no es llano, con lo que no puedes plantar maíz ni forraje ni hacer las naves para las vacas de leche. Aquí hay fincas más pequeñas". En su caso, el ganado lo tiene repartido en fincas que suman 200 hectáreas en los concejos de Gijón, Villaviciosa, Llanera y Sariego.

Sobre qué considera que hace falta para que los jóvenes se hagan ganaderos, es tajante: "tiene que gustarte. Yo en verano, con la hierba, hay días que empiezo a trabajar a las seis de la mañana y acabo a las doce de la noche".

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