María Estela de Abajo, directora del Centro Estela Belleza: "La cosmética coreana está en boca de todos por innovadora, pero eso no es sinónimo de evidencia"
"Las redes sociales nos han permitido descubrir cosméticos, ingredientes y formas de cuidar la piel que probablemente hace años habrían tardado mucho más en llegar hasta nosotros, el problema aparece cuando confundimos descubrir con necesitar"

María Estela de Abajo, esteticista, especialista en fisioterapia estética y cosmetóloga y directora del Centro Estela Belleza
L. L.
Hace poco, una mañana mientras escuchaba la radio, hubo un dato que consiguió llamar mi atención de inmediato. Hablaban de una investigación presentada a finales de septiembre en el Congreso de la European Academy of Dermatology and Venereology (EADV), en Viena, que había analizado 38 vídeos virales de TikTok sobre cosmética coreana y la famosa glass skin. Sí, esa "piel de cristal" de la que tanto se habla. Concluía que el 94,7 % contenía al menos una afirmación potencialmente engañosa. El 84 % no tenía en cuenta que existen diferentes tipos de piel y el 45 % proponía combinaciones excesivas de activos sin las correspondientes advertencias de seguridad. Solo uno de los 38 vídeos mencionaba el riesgo de irritación. Solo dos hablaban de fotoprotección. Ninguno advertía sobre dermatitis de contacto y ninguno citaba fuentes externas.
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Los datos llaman la atención. Pero sería muy fácil sacar de ellos una conclusión equivocada: que el problema es la cosmética coreana. Y no lo es. Vamos, no tiene por qué serlo. Precisamente hace unos días escuchaba a dos dermatólogas españolas hablar largo y tendido sobre K-beauty.
La cosmética coreana está en boca de todos, y el mercado de la belleza lo sabe. Su análisis me pareció especialmente interesante porque huía de los extremos. Personalmente, también tengo claro que la cosmética coreana ha aportado muchísimo a nuestra manera de entender el cuidado de la piel. Su filosofía ha sido tradicionalmente más preventiva, ha puesto el foco en la hidratación, el mantenimiento de la barrera cutánea y la fotoprotección, y eso me encanta. Además, ha conseguido crear productos con texturas muy agradables y fáciles de utilizar. Y esto último también importa. Porque la eficacia de un cosmético también depende de que se utilice y de que se utilice de manera constante.
Corea también ha demostrado una enorme capacidad para innovar y para introducir ingredientes y formatos antes de que lleguen de forma masiva a otros mercados. Pero aquí conviene introducir un matiz fundamental: innovación no es sinónimo de evidencia. Que un ingrediente tenga un mecanismo de acción interesante o resultados prometedores no significa que dispongamos ya de ensayos clínicos de la misma calidad que tenemos para activos clásicos como los retinoides, la vitamina C o la niacinamida.
Y, como en cualquier otro lugar, en Corea hay calidades: productos maravillosos y productos que dan pena. Después está la famosa rutina de diez pasos. Aplicar diez productos no es necesariamente mejor que utilizar tres o cuatro bien elegidos. En cambio, cuantos más productos y activos introducimos simultáneamente, mayor puede ser el riesgo de irritación, sensibilización o incompatibilidades. Y más difícil resulta también saber qué está funcionando y qué está provocando un problema. Aquí es donde, para mí, el estudio sobre TikTok adquiere verdadero interés.
Porque sus propios investigadores insisten en que el problema no es la cosmética coreana. Consideran perfectamente razonables principios como la limpieza suave, la hidratación o el cuidado de la barrera. Lo que cuestionan es convertir esos principios en rutinas universales. Una persona enseña los productos con los que ha conseguido una piel luminosa. Otra copia la rutina. El vídeo acumula millones de visualizaciones. Aparecen nuevas recomendaciones, enlaces de compra... Y mientras tanto desaparece la pregunta fundamental: ¿y para qué piel? Una piel resistente no tolera lo mismo que una piel con rosácea. Una piel joven no tiene necesariamente las mismas necesidades que una piel fotoenvejecida. Las redes sociales nos han permitido descubrir cosméticos, ingredientes y formas de cuidar la piel que probablemente hace años habrían tardado mucho más en llegar hasta nosotros. El problema aparece cuando confundimos descubrir con necesitar.
Cuando "esto me funciona" se convierte en "esto funciona para todos". Porque quizá la pregunta debería ser ¿y esto es bueno o es bueno para mi piel? Y entre una cosa y la otra hay todo un mundo.
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