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Comida mexicana, arepas, fruta ecuatoriana, perfumes árabes... La diversidad en El Llano se abre paso con negocios del mundo en un barrio de Gijón "que acoge bien al de fuera"

“Aquí parece que no estamos en España; hay dominicanos, colombianos, mexicanos… pero eso a la gente le gusta porque es un barrio muy vivo”, señalan los comerciantes

La diversidad en El Llano se abre paso con negocios de todo el mundo (vídeo)

VÍDEO: Demi Taneva / FOTO: Lucas Cid

Demi Taneva

En el barrio gijonés de El Llano, el más grande la ciudad, suenan acentos de medio mundo. En una misma manzana se puede comprar fruta tropical traída de Ecuador, probar un taco al pastor, encontrar perfumes árabes o llevarse a casa una arepa colombiana. El barrio gijonés se ha convertido en un pequeño mapa global, donde vecinos de distintas procedencias se abren paso con esfuerzo y cercanía. "Es un barrio que acoge bien al de fuera", coinciden.

En la calle, los escaparates reflejan esa diversidad. En el restaurante mexicano Los Jarochos, su propietario, Rafael Obaya, lleva casi nueve años ofreciendo los sabores de su país. “Llegamos en 2009 y abrimos el local en 2017. Al principio fue un riesgo, pero nos lanzamos. Hoy vienen muchos españoles; les gusta mucho la comida mexicana y conocer nuestra cultura”, cuenta. Obaya define El Llano como "un lugar acogedor". “Aquí parece que no estamos en España -bromea-, hay dominicanos, colombianos, mexicanos… pero eso a la gente le gusta. Es un barrio muy vivo”, señala.

Bajando por la avenida de Schulz, Nosheen Sehar y Rashid Mohamad regentan desde hace seis años La Tienda de Sehar, un pequeño negocio con productos de todo tipo. Llegaron desde Pakistán hace nueve años y se sienten plenamente integrados. “Aquí vienen personas de cualquier procedencia: españoles, latinos, árabes… A la gente le gusta probar cosas de fuera”, dice Nosheen, mientras muestra perfumes traídos de su país. “Estamos muy contentos con cómo nos ha acogido el barrio”, añade.

"Muchos productos no se encuentran en los supermercados"

Siguiendo la misma avenida, Malik Anser atiende la Frutería Anticrisis, un negocio familiar que cumple ya más de una década. Llegó desde Pakistán en el año 2000 y ha visto cómo el barrio se transformaba. “Abrí la frutería en 2013, después de tener un kebab. Tenemos clientes españoles, latinos, africanos…”, cuenta. En sus estanterías conviven las legumbres asturianas con plátanos verdes ecuatorianos y okras indias. “Muchos productos no se encuentran en los supermercados, y por eso la gente viene aquí”, explica con orgullo.

En la panadería Las Américas, la empleada Zuleidy Veroes resume la esencia de su local: “Todo es producto colombiano: pan con queso, dulces de guayaba, arepitas… Aquí viene sobre todo gente latina, muy poca española. Pero funciona, porque ahora somos muchos los que estamos fuera de nuestro país”.

Mostrar otras costumbres a los gijoneses

También Edgar Farfán, responsable de la tienda Mi Tierra Latina, ve en esa mezcla un valor. “Vienen españoles, latinos, rumanos, senegaleses… Algunos no conocen nuestras frutas y preguntan cómo se comen. Eso nos gusta, porque así compartimos cultura”, cuenta. La tienda se especializa en productos de Perú, Colombia y Ecuador. “Nuestro deber es acercar la comida y las costumbres de nuestra gente, pero también que los de aquí las conozcan. En El Llano nos sentimos acogidos”, afirma.

Pasear por El Llano hoy es recorrer un barrio que ha sabido adaptarse y enriquecerse con sus nuevos vecinos. Entre olores, acentos y recetas, hay un denominador común: el esfuerzo de quienes llegaron desde lejos y encontraron aquí su hogar.

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