La confitería asturiana que cumple 50 años como templo de roscones y sus famosas tartas charlotas : "Un rincón donde el dulce sabe a familia, trabajo y memoria"
El negocio familiar, un clásico de El Llano, celebra medio siglo de historia: "Hay que adaptarse a los tiempos sin perder lo artesanal"

Video: Demi Taneva Foto: Juan Plaza
Demi Taneva
En el corazón de El Llano, la Confitería San Antonio es mucho más que un negocio: es una parte viva de la historia del barrio. Fundada en 1975 por David de Pedro y Loli Caldueño, el obrador abrió inicialmente en la calle San Antonio, en el centro de Gijón, donde la familia comenzó a forjar su reputación con elaboraciones artesanales y un trato cercano. Años después, la confitería se trasladó a su barrio actual, donde mantiene la misma esencia familiar. Hoy es su hija, Covadonga Ainhoa de Pedro, quien mantiene viva la tradición junto a un equipo de diez personas y un legado que se resiste a perder su aroma a nata y hojaldre.
Los inicios
“Mi esposo trabajaba en La Bombonera desde los 14 años. Era maestro confitero y decidió que quería tener su propio negocio”, recuerda Caldueño, que dejó su empleo de administrativa para embarcarse en la aventura. “Nos traspasaron un local en la calle San Antonio, donde antes estaba la confitería María Cristina. Era una aventura total, pero nos arriesgamos”.
La apuesta no tardó en dar frutos. “Tuvimos muy buena acogida desde el principio. Era una zona de familias grandes, con cinco o seis hijos, y se consumía mucho. Llegaba el domingo y era una locura”, rememora.
En los inicios, todo quedaba en casa. “Mi esposo estaba en el obrador y yo en la tienda. Desayunábamos, comíamos y cenábamos allí. Nuestras madres también venían a ayudar”, cuenta Caldueño. Aquella unión familiar fue clave: “Mi suegra trabajó hasta los 80 años, venía a picar la fruta de los roscones y a recoger el obrador. No había mejor ayudante”.
Hoy, la tradición continúa con Covadonga Ainhoa de Pedro al frente. “Mi hermano lo dejó y me quedé yo. Somos diez en total: seis en el obrador y cuatro en tienda. Abrimos todos los días del año, de nueve a nueve, menos el 25 de diciembre y el 1 de enero”.

La Confitería San Antonio cumple 50 años endulzando generaciones en Gijón. / Juan Plaza
El producto más emblemático de la confitería es la tarta charlota, que se elabora igual que hace cincuenta años. “Es la de siempre”, explica De Pedro. “La trajeron unos maestros austriacos que trabajaron en la Bombonera, y desde entonces no ha faltado”, cuenta Caldueño. Y, aunque se han rebajado un poco los azúcares, “las fórmulas siguen siendo las tradicionales”.
Escaparates de Pascua con historia
Si hay algo que distingue a la Confitería San Antonio son sus escaparates de Pascua. “Mi padre siempre fue muy artista con el chocolate”, cuenta de Pedro. “Ganó premios en Valencia, Vitoria y representó a España en el Internacional de París en 1992. Hizo figuras como el de E.T., el castillo de 'La Bella y la Bestia', el tren de Harry Potter o el BB-8 de 'Star Wars'”. “Cada año montamos una figura grande —este año fue Stitch— y la gente viene solo a verla. Hay clientes que traen a sus hijos y nietos porque de niños venían a ver el escaparate de Pascua”, añade: “Es muy bonito ver que las tradiciones se repiten”.
Caldueño tiene claro qué representa su confitería para el barrio: “Una confitería tradicional es el recuerdo. Cuando alguien piensa en qué regalar, dice: ‘a mi madre le encantaban las bombas’ o ‘mi abuelo me traía pasteles’. Es volver a los recuerdos de la infancia”. Recuerda especialmente al “niño de la pirámide”, que pedía sus “pilamides de chocolate”. “Años después volvió con su hijo a por la misma. Son cosas que te emocionan.”
El salto a lo digital
Aunque la esencia se mantiene, de Pedro no se queda atrás. “Tenemos tienda online desde antes de la pandemia, y eso nos salvó. En 2020, el Día de la Madre hicimos 150 repartos. Fue una locura”, recuerda. También ha sabido atraer a las nuevas generaciones. “Trabajamos Halloween, con galletas, arañas, calabazas… Antes esto no existía y ahora nos disfrazamos y todo. Seguimos todas las tendencias. Hay que adaptarse a los tiempos sin perder lo artesanal”.
“El ritmo del negocio consume mucha energía”, reconoce Caldueño. “Desde los 25 hasta los 65 años, todas las navidades, todas las pascuas… Es un sacrificio, pero mereció la pena”, afirma. “Puedo dejar el legado a mi hija, que ya requiere su propio esfuerzo, pero es distinto".
La confitería ha resistido modas, crisis y pandemias. Hoy sigue firme, con un barrio que la arropa. “El Llano es un barrio vivo, con mucha tienda, mucha gente que compra en el comercio local. Y mientras a la gente le siga gustando el dulce, hay confitería para rato”, asegura De Pedro. Cincuenta años después, la Confitería San Antonio sigue siendo lo que siempre fue: un rincón donde el dulce sabe a familia, trabajo y memoria.
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