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Opinión | La trastienda

Dejemos tranquilo a noviembre

Noviembre no comienza bien, hay que reconocerlo. Su inicio renueva el dolor por las personas que ya no tenemos, nos presenta la muerte cercana, familiar y vivimos en una sociedad que lo digiere mal. Quizá por esa razón cambiamos cementerios por infancia disfrazada de calabaza y adultos de muertos vivientes, oscilando entre el Halloween y el Samhain que marcan el inicio del periodo más oscuro del año.

Pero esto no justifica que estemos convirtiendo los próximos 30 días en una simple antesala de diciembre, que nos saltemos este mes como un bache incómodo en el calendario con el pretexto de que tenemos cerca, a 30 días vista, el envoltorio brillante de la Navidad. Admitido que la organización de los festejos navideños requiere tiempo, no hay razones para hacer de noviembre el mes de pre-turrón, los pre-adornos del árbol y las pre-luces y decoraciones instaladas pero apagadas.

Noviembre no brilla, pero sus cielos grises, su aire fresco, su lluvia deseada, hacen de él un mes modesto que nos invita a dejar de correr, a no saltarnos los días como si fueran semanas, a volver dentro, a la reflexión y a la calma.

Es el mes para poner pausa, para bajar el volumen, para disfrutar de lo cercano, de lo pequeño, para cambiar la hiperconexión por el silencio que nos permita escucharnos; cambiar la hiperactividad por no tener planes, por la lectura calmada y la hoja en blanco. Dejar de responden como los perros de Pavlov a los miles de estímulos para ser, una misma el único estímulo válido. ¿Y si eso fuera el auténtico lujo?

Vivir y decidir desde los sentidos, desde la razón, y no desde el algoritmo que nos cita e incita, que nos provoca ansiedad de tener, sin atender a los efectos. Volver a sentir con tranquilidad el placer de la comida sin contar calorías, el gusto por la conversación que no es una reunión sino un divagar sobre el mundo, el olor del parque o del café de la mañana, el tacto de la manta que te arropa en las tardes de libro y té. Y ahí está la magia, pasar de las listas de deberes, al caos de los placeres, del "tengo que" al "quiero que", de la terapia inútil en los consejos de "Tik Tok" a vivir sin imágenes compartidas con la generalidad, porque son tan tuyas que son tu misma y de quien comparte silencios, placeres y valores.

Y para eso está noviembre, días de calma productiva. De la misma forma que no puedes correr la San Silvestre sin entrenar, no se puede vivir intensamente sin reflexión y tiempo para volver dentro.

Recuperemos noviembre y cuando nos pregunten ¿Cómo estás? Que la contestación sea: muy bien, muy noviembre.

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