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La parroquia de San Vicente de Paúl, más de medio siglo de fe y comunidad en el barrio gijonés de El Llano: “Es una casa abierta, la casa de todos”

El templo, erigido en 1970 y con más de 14.000 vecinos de referencia, mantiene una intensa labor social y educativa bajo la guía del párroco Manuel Viego

VÍDEO: San Vicente de Paúl, medio siglo de fe y comunidad en el Llano: “Esta parroquia es una casa abierta, la casa de todos”

Vídeo: Demi Taneva | Foto: Lucas Cid

Demi Taneva

La Parroquia de San Vicente de Paúl es hoy uno de los pilares espirituales y comunitarios del barrio del Llano. Fundada en 1970, cuando aún dependía de la Milagrosa, comenzó su andadura en unos bajos frente al colegio del mismo nombre. “La parroquia empezó allí, en lo que eran unos locales, y ya era parroquia”, recuerda Manuel Viego, su párroco desde hace quince años. “Yo soy de aquí y jugaba en estos prados cuando todo esto eran fincas y lavaderos. He visto crecer el barrio y también la parroquia.”

En 1992 se levantó el templo actual, una construcción moderna que destaca por su amplitud. “Por fuera parece un polideportivo —bromea Viego—, por eso pusimos el cartel grande para que se supiera que esto es una parroquia.” Tras esa fachada sencilla late una comunidad viva, abierta al barrio y con un marcado compromiso social.

Fe, ayuda y comunidad

La parroquia atiende a una población de unos 14.000 habitantes y mantiene una amplia red de actividades. A través de Cáritas, ofrece apoyo mensual a entre 30 y 50 familias, además de orientación social y acompañamiento. “No somos una ONG, somos una parroquia -afirma Viego-. Lo que tratamos de hacer es incorporar a las familias y crear un espacio de acogida, un lugar donde sentirse parte de algo.”

Durante la pandemia, esa vocación de ayuda se reforzó: “Voluntarios de la parroquia iban a hacer la compra a personas mayores, las llamaban a diario, las acompañaban. Cada uno apadrinaba a alguien que vivía solo. Fue una forma de mantenernos unidos en un momento difícil.”

La juventud como motor

El dinamismo de San Vicente de Paúl se refleja en su trabajo con la juventud. “Tenemos un grupo scout que lleva ya casi catorce años y es de los más grandes de Asturias”, explica el párroco. Cada sábado, más de 70 niños y adolescentes llenan los salones de la parroquia. “A veces no cabemos todos”, reconoce entre risas.

A ellos se suman los grupos de catequesis, los equipos de matrimonios, las asociaciones de la Medalla Milagrosa y los grupos de Renovación Carismática. En total, colaboran más de 25 catequistas y unos 15 monitores. “Los chavales tienen aquí su espacio. No solo se les enseña religión, sino a madurar por dentro y por fuera, a tener una mentalidad crítica y valores para transformar el mundo”.

 “Nos reunimos los sábados con jóvenes de la ESO y Bachillerato, hacemos catequesis, juegos y oración. Les encanta quedarse los domingos después de misa para compartir un picoteo o jugar. Esto se ha convertido en su segunda casa”, explica Nicole Ortiz, catequista de la parroquia.

El programa, señala, ha atraído a más chicos que nunca. “Ellos mismos traen a sus amigos, y eso crea un ambiente muy bonito. Además del grupo scout, hay proyectos nuevos de oratorio y catequesis con el método Montessori. También colaboramos con Cáritas o con la comida económica, lo importante es implicar a los jóvenes con el barrio.”

Una parroquia abierta al barrio

San Vicente de Paúl es también un punto de encuentro vecinal. “Aquí hay todo el día alguien -cuenta Nicole-. Los sábados esto está lleno.” La parroquia colabora con el Centro Social de Personas Mayores, acoge celebraciones escolares y organiza actividades solidarias. “Somos buenos vecinos”, resume Viego.

La vida parroquial se sostiene gracias a la participación de una multitud de feligreses. Dorita González, de 83 años y vecina del barrio “de toda la vida”, recuerda los orígenes de la comunidad: “Antes éramos de la Milagrosa y teníamos una capillina en la calle Niño Jesús. Después se quedó pequeña y todos colaboramos para levantar esta iglesia.” González forma parte del grupo de adoración: “Venimos todos los jueves. Estamos muy contentas, y el párroco es estupendo, sobre todo con la juventud. Se vuelca muchísimo”.

También Pepita Martínez, que asiste “todos los días, a las siete y media de la tarde”, lo confirma: “Llevo más de treinta años viniendo. Aquí la gente es muy maja y el sacerdote es encantador. Me siento como en casa.”

Benedicta López, por su parte, acude a misa a diario, aunque pertenece a otra parroquia: “Vengo porque aquí hay misa todos los días y porque el sacerdote es muy querido. Se nota que la gente le tiene cariño.”

Una casa de todos

El párroco percibe que el barrio conserva su identidad, aunque la forma de vivir la fe evoluciona. “La gente joven tiene menos prejuicios, pero busca sentido. Y aquí lo encuentra”, asegura. Los proyectos juveniles y las actividades intergeneracionales han revitalizado la vida de la parroquia.

Con las misas diarias y los encuentros de fin de semana, la parroquia de San Vicente de Paúl se ha convertido en un lugar de encuentro y convivencia. “Las eucaristías de los domingos están llenas. La gente llega y se siente parte de una familia que ora unida”, resume el párroco. Para Viego “esta parroquia es una casa abierta, la casa de todos. Aquí cualquiera puede entrar, rezar, participar o simplemente estar”.

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