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Progresar

La población asturiana ha crecido en este tercer trimestre de 2025 por encima de la media nacional por primera vez en muchos años, pues hasta poco parecía abocada en corto plazo a caer del millón de personas. Actualmente tiene 1.020.000 habitantes, aún bastante lejos del 1.130.000 de 1982, pero lo importante es saber si es un cambio de tendencia demográfica a medio plazo, o solo un paréntesis de repunte consecuencia del covid, y el "efecto llamada" para la inmigración, legal o ilegal. El auge se debe sobre todo a la llegada de extranjeros, que ya suponen un 12% de la población regional. La lista la encabezan la Comunidad Valenciana y Aragón -la extraña novedad-, cuando tradicionalmente solían crecer más Andalucía y Murcia, por su atractivo turístico.

El crecimiento en el Principado se concentra en el área central, y especialmente en tres municipios: Gijón, Siero y Oviedo, mientras que las alas siguen rezagadas, habrá que analizar si han frenado su ocaso o continúa preocupante. Así el caso de Boal, que en los últimos 100 años ha pasado de tener 7.000 habitantes a unos 1.000. A favor de las alas el paisaje, la naturaleza, la tranquilidad y el teletrabajo, en contra acaso la escasez de servicios: ¿Hay cerca centro de salud, colegio, supermercados o cafeterías? El área central cuenta con ciudades de tamaño medio, la mejora de sus comunicaciones y ya veremos si se consolidan sus expectativas de crecimiento, Oviedo y Gijón podrían llegar a ser un foco metropolitano bicéfalo.

Sería por ello importante que fueran ciudades más complementarias que rivales, fútbol aparte. Ahí están por ejemplo la Laboral, el Buenavista y el Niemeyer. El tirón de una podría así a su vez impulsar a la otra. Tenemos como lastre el tema de la alta fiscalidad, y como circunstancia la integración de su población foránea en ascenso. Integración cultural, y ahí la enseñanza puede actuar de palanca mediante la igualdad de oportunidades y la capacitación, y laboral, para no reducirse a mano de obra poco cualificada y barata, pero de escasa productividad. Debemos plantearnos por tanto si con los mimbres disponibles podremos hacer buenos cestos, pasando de la retórica al crecimiento económico sostenible real.

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