Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Gloria Arias, más de tres décadas al frente del Centro Social de Personas Mayores: “El Llano siempre fue un barrio acogedor”

La exdirectora repasa su trayectoria, los inicios del centro en 1990, la transformación del barrio y el impacto de proyectos como el parque biosaludable y el programa de fragilidad

Gloria Arias en el parque biosaludable, uno de los logros del centro.

Gloria Arias en el parque biosaludable, uno de los logros del centro. / Lucas Cid

Demi Taneva

La historia reciente del barrio de El Llano no puede explicarse sin hablar del Centro Social de Personas Mayores, ni sin mencionar a Gloria Arias, que lo dirigió desde su apertura, en 1990, hasta principios de 2025. Su vida y la del barrio han ido siempre en paralelo. “Yo nací, literalmente, en las casas de los maestros de la Escuelona”, recuerda. “Y quién iba a decir que pasaría más de media vida ligada al barrio por motivos profesionales”. La exdirectora repasa una trayectoria marcada por la llegada del centro a un entorno que entonces “era un descampado”, por la evolución del perfil de los mayores y por una intensa relación con el barrio. Con firmeza, memoria y emoción contenida, reconstruye cómo se levantó uno de los equipamientos sociales más activos de Gijón.

¿Cómo llegó al Centro Social de El Llano?

Yo venía trasladada de otro cento del Imserso y llegué en la primavera de 1990, antes incluso de la apertura. El Imserso construía entonces este tercer centro en Gijón. Se me había encomendado la gestión y teníamos  que partir de cero: recepcionar obras, mobiliario, organizar y planificar su funcionamiento. El 1 de octubre de 1990 abrimos las puertas. Recuerdo que, aunque al principio se pensaba que al ser el tercero en la localidad, no iba a tener demasiado movimiento, se quedó pequeño desde el primer día. La zona es muy estratégica: Llano, Pumarín, Contrueces… estaba todo muy conectado.

¿Cómo fueron aquellos primeros tiempos?

Muy intensos. Yo venía de un centro tranquilo… y aquí era una riada de gente continua. El primer día pensábamos que venían por curiosidad, pero al día siguiente estábamos igual. Llegamos a hacer 40 socios diarios, hasta rodeaban el edificio con colas, esperando su turno o conseguir otra cita. El barrio siempre fue muy acogedor, con muy buenas relaciones de vecindad. Desde el principio sentí esa conexión.

¿Cómo era el entorno del centro cuando llegó?

Esto era un descampado. Las casinas de planta baja, huertas que algunos vecinos cultivaban y se veía el cementerio de frente. No había nada urbanizado. Luego fueron llegando el asfaltado, las nuevas edificaciones, la piscina, la parroquia, el parque de Pericones… y todo cambió rapidísimamente. El diseño urbanístico y las infraestructuras dieron un giro total al Llano.

¿Qué significó para usted dirigirlo tantos años?

Ser directora de un recurso como éste, me ayudó a crecer como persona: hubo luces y sombras, pero muchas más luces. Fue una experiencia de vida muy positiva, con momentos maravillosos y algunos mas duros, que me hicieron mas fuerte para afrontar las adversidades. Siempre intenté ponerme en el lugar de los demás y dar prioridad a los intereses de las personas usuarias y a las relaciones humanas. Sólo tengo agradecimiento para las personas que me han acompañado en esta andadura, especialmente aquellas que mostraron una máxima implicación y tanto se han preocupado por el centro y el bienestar de las personas usuarias. Siendo tan larga y rica, mi trayectoria laboral, me considero una privilegiada.

¿Cómo evolucionó el centro?

En primer lugar, pasamos de pertenecer a la administración central a depender de la administración autonómica, con los consiguientes cambios normativos, que se fueron sucediendo en el tiempo. El objetivo del centro, como esencia, pienso que sigue siendo el mismo: las personas y sus circunstancias, el fomento de su autonomía y participación, las relaciones sociales y la promoción del envejecimiento activo y saludable. Pero el perfil de los mayores sí cambió muchísimo. Los sesenta años de los años 90 no tienen nada que ver con los de ahora, por lo que hemos tenido que ir adaptándonos a sus nuevas necesidades y demandas. También fue creciendo mucho la participacion y la oferta de actividades. Estoy segura de su amplia proyección de futuro.

Continúe.

Pasamos de tener cero socios en octubre de 1990 a 1.077, tres meses después. La afluencia era masiva. Al principio, contábamos con médico y enfermera, pero no teníamos trabajadora social, después llegamos a contar dos. Actualmente es el único centro, en Asturias, con dos trabajadoras sociales, y eso es muy importante en la organización del Centro, además de beneficioso para las personas usuarias.

¿Qué proyectos marcaron al centro?

Cabe destacar, el Centro de Día para Mayores Dependientes, la atención a la fragilidad, las actividades intergeracionales y el parque biosaludable. Cuando llegamos, ese espacio eran huertas y descampado. Más tarde, al necesitar ampliar instalaciones, se planteó la cesión de terrenos para el centro de día. Como no era posible urbanizarlos, el Ayuntamiento ofreció construir el parque y ubicar allí la bolera que teníamos en el Centro, espacio en el que hoy se ubica el Centro de Día.  La propuesta del parque biosaludable la presentamos, años mas tarde, en el Consejo de Distrito del Llano, del que yo también formaba parte, y fue aprobado por unanimidad. Fue un logro de todos y un ejemplo de acción comunitaria.

¿Cómo eran las relaciones con el barrio?

Muy buenas desde el inicio, tambien con los barrios limítrofes y otras entidades afines: centros y asociaciones de mayores, colegios, piscina, parroquia, asociaciones vecinales e instituciones ubicadas en el barrio, centros de salud de Contrueces, del Llano y Salud Mental de Pumarín, Centros Municipales Integrados. Me gustaría resaltar la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura, que nos permitió acercar los museos de la localidad a los mayores, cuando no era tan sencillo como ahora. El barrio siempre fue muy acogedor, con raíces, los que llegan nuevos se quedan y los que se van mantienen vínculos. Eso se nota también en el centro.

¿Cómo valora que El Llano sea centro piloto del programa de fragilidad?

Para mí fue una satisfacción enorme. Desde hace muchos años el centro priorizaba la atención a las personas más frágiles y vulnerables, pero al finalizar otra experiencia, enmarcada en el convenio del Principado con la Fundación La Caixa, contábamos con  pocas herramientas y poco presupuesto. Que ese gran  esfuerzo, nos haya permitido formar parte de este proyecto piloto, con continuidad y recursos, es muy importante para el Centro y para toda la ciudad.

¿Qué papel cree que tiene el centro en la vida del Llano?

Creo que es un referente. Aunque no todo el mundo conocía lo que se hacía realmente en el centro, si lo consideraban importante para el barrio. Es un edificio vivo, en el que todas las personas pueden encontrar su espacio: una señora decía que era como “una colmena”, siempre entrando y saliendo gente. Y creo que cada vez será más importante, pues su apertura a la comunidad va en aumento.

¿Cómo definiría la evolución del barrio?

Un cambio abismal, pero muy positivo. En urbanización, en equipamientos y en vida comunitaria. Sin salir del Llano hoy puedes tener de todo.

Tracking Pixel Contents