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El Llano arranca la Navidad entre tiendas a medio gas y comercios que “van a tope”: un barrio dividido entre la calma y el empujón

Charcuterías sin encargos, mercerías “agonizando”, jugueterías con repunte desde el puente y centros de estética llenos hasta enero

Los vecinos, entre la previsión y dejarlo “todo para el final”

El Llano arranca la Navidad entre tiendas a medio gas y comercios que “van a tope”: un barrio dividido entre la calma y el empujón

VIDEO: Demi Taneva / FOTO: Lucas Cid

Demi Taneva

El pulso comercial de El Llano en las semanas previas a la Navidad late este año a dos ritmos. Mientras algunos negocios aseguran que la campaña está “muy tranquila” y con menos movimiento que otras temporadas, otros viven el efecto contrario y afirman estar “a tope”, con agendas cerradas y reservas que se disparan desde el puente de diciembre.

En una charcutería de Juan Alvargonzález, su dependienta Sara García lo resumía con claridad: “Está tranquilo este año, demasiado”. Ni el puente de la Constitución ni el inicio de diciembre han servido de impulso: “No tenemos encargos”, lamentaba. Comparado con otros años, asegura, la campaña va “peor”.

Emma Pérez, propietaria de la mercería de la calle Roncal, recuerda que antes estas fechas eran un hervidero: “Ya tenía paquetes envueltos, gente que venía a encargar…”. Pero el bajón llegó “de hace un par de años para acá”. Ahora trabaja “como si fuera cualquier fecha”, y denuncia que el auge de los centros comerciales remata la situación: “Este es un barrio que se ha vuelto muy mayor. Cuantos más años cumplimos, menos necesitamos”.

El polo opuesto: Centros de estética, panaderías, pescaderías y jugueterías

La otra cara de la moneda está en la misma calle Juan Alvargonzález. La propietaria de un centro de estética, Sara Ortega, atiende sin parar: “Lleno. Estoy muy bien, no me puedo quejar”. Explica que diciembre es su mes fuerte: “Estamos a tope. No hay huecos ni nada”. Los clientes reservan con semanas de antelación: “La gente es previsora porque trabaja y no quiere quedarse sin su hora”.

En la calle Pérez de Ayala, la panadera Isabel Fresno, que ya recibe reservas para el roscón de Reyes, sí nota alegría: “A partir del puente se anima mucho. La gente tiene ganas y es muy previsora para esto”. A su lado, en una tienda de juguetes, Tomás Echave explica el patrón habitual: Primero vienen los niños “a mirar y hacer la carta”; después llegan los adultos a comprar. Y siempre habrá última hora: “Los cuatro últimos días son los peores. El último detalle siempre se compra entonces”. Este año, aun así, percibe un descenso: “Más bajo que el año pasado. Se nota”.

En una pescadería de la calle Río de Oro, Montse López confirma lo mismo: “Se está vendiendo bien, como otros años. Ya hay muchos encargos”. Explica que cada vez se compra antes: “La gente lleva para congelar por miedo a la subida de precios. Cada año se espera menos a última hora”. En su caso, el balance es “similar al año pasado, quizá con más encargos”. José María Trapote, cliente, lo confirma mientras hace su compra temprana: “Compramos un rubiel y ya lo tenemos en el congelador”. El resto, eso sí, lo deja “para una semana antes”.

Vecinos entre la previsión y la última hora

El pulso de la calle lo marcan también los compradores. Ángel Fernández, vecino del barrio, lo reconoce con naturalidad: “Lo dejo siempre para la última hora. Todos los años”. Los precios no influyen: “Ya subieron. ¿Qué puede subir, un euro más? Me da igual”.

Para Dori Gálvez, la salud en casa manda este año: “No estoy comprando nada para guardar. Igual que otros años, pero sin prisa”.  Las jóvenes Naomi Suárez y Rebeca Díaz tampoco han arrancado: “Nada, no hemos comprado nada”. Ni previsión ni agobios: “Ahora no estamos como para prisas”.

El recorrido por las calles comerciales del Llano dibuja un mensaje claro: hay quien está “a tope” y quien apenas nota movimiento; negocios que funcionan por previsión y otros que viven al día; clientes que congelan pescado ya en diciembre y otros que esperan al último minuto. Pero en todas las tiendas se respira lo mismo: el barrio quiere Navidad, aunque cada comercio la viva a su ritmo.

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