Así es el día a día en un colegio en obras: el Rey Pelayo de Gijón empieza a ver la luz al final del túnel tres años después del derrumbe
La actividad educativa pasará de la planta baja a la primera y segunda "entre febrero y marzo"

Nico Martínez / Candela Rodríguez
El pasado lunes se cumplieron tres años del derrumbe que marcó la historia reciente del colegio Rey Pelayo. A raíz de ese suceso, la comunidad educativa de este centro gijonés ha vivido inmersa en una serie de cambios que comenzó con el realojo en El Llano y La Escuelona hasta que el 20 de febrero de 2025 pudieron regresar a "su verdadero hogar". Desde principios de curso, debido a las obras de la fase I de la rehabilitación del colegio, su actividad se ve aglomerada en la planta baja y en el patio, ya que las labores están centradas por el momento en las plantas primera y segunda, principalmente.
"Tenemos espacios reducidos, pero las obras no nos están molestando en exceso y los niños se están adaptando bien. Es cierto que los espacios son importantes, pero lo más relevante es el personal, las ganas, los recursos y los proyectos. Y de eso, en este colegio, no falta", remarca la directora del Rey Pelayo, Pilar Álvarez, orgullosa del trabajo de sus compañeros y de la capacidad de adaptación de los pequeños y sus familias.

Así es el día a día en un colegio en obras: el Rey Pelayo de Gijón empieza a ver la luz al final del túnel dos años después del derrumbe (en imágenes) / Luisma Murias
La obra que arrancó en julio la firma Proyecon Galicia por 1.478.480,85 euros (IVA incluido) se trata de la primera fase del proyecto municipal que sirve para profundizar sobre el trabajo realizado desde la consejería de Educación tras el derrumbe. En esta primera parte del curso, la mayoría de las labores se han llevado a cabo en las plantas primera y segunda para reforzar la estructura. Eso ha conllevado que en la planta baja se hayan utilizado espacios como la biblioteca, el taller múltiple y el despacho de dirección para poder contar con ocho aulas.
"En junio nos dicen que estará lista la obra"
En cambio, en los próximos meses, la actividad educativa del Rey Pelayo se tendrá que desarrollar en esas otras dos plantas porque la obra pasará a estar centrada en la planta baja. En ella se reconfigurará el vestíbulo, se crearán espacios para el uso del profesorado en la zona anexa a la entrada y se habilitará una zona de juegos separada del patio junto a unas aulas, entre otras novedades.
Pilar Álvarez confía en que ese nuevo traslado se tenga que realizar "entre febrero o marzo", según los plazos que estaban previstos. Ese nuevo cambio será un paso más para que el Rey Pelayo pueda recuperar la tan anhelada normalidad que perdieron hace tres años. "Este tiempo ha dado para mucho. Han sido años duros, pero esto está prosperando y, por fin, ya empezamos a ver la luz al final del túnel. Es cierto que todo debería haber ido más rápido, pero entiendo que los plazos son complicados", señala Álvarez, que agrega que "lo último que nos han dicho es que en junio estará lista la obra, así que confiamos en eso".
Un claustro "maravilloso"
Más allá de la obra de rehabilitación del centro educativo, en el Rey Pelayo también se han iniciado las tareas para las dos unidades con las que contará la nueva escuelina que acogerá el colegio. Álvarez agradece que "los trabajadores están siendo bastante empáticos y apenas hay ruido por las mañanas".
Teniendo en cuenta que había que convivir con estos dos proyectos, el equipo docente y el alumnado del Rey Pelayo pusieron todo de su parte desde el inicio de este curso para aprovechar al máximo los espacios que sí tienen disponibles. Además de afianzar en las aulas proyectos pioneros que ya estaban asentados, han incorporado otros sobre la ciudad de Gijón y, próximamente, lanzarán un juego de mesa en colaboración con el Bioparc Acuario.
En el patio de los alumnos de Primaria, donde cerca de la mitad del terreno lo ocupan las obras, han puesto en marcha una serie de juegos dinámicos con dianas, bolos y combas. "El objetivo es que no haya situaciones de soledad en los niños", remarca Álvarez, que destaca que "tenemos un claustro que es una maravilla". "Mis compañeras de la directiva y el resto de maestros lo dan todo. Sin ellos no podríamos funcionar como lo estamos haciendo", zanja. El "Reype" está hecho de otra pasta.
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