Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

Fuera de plano

Naval Azul debuta como sala de exposiciones al aire libre. Estos días podemos rememorar allí momentos “históricos” de los últimos cincuenta años. Les invito a hacer un ejercicio. Vayan allí, den un paseo y deténganse ante alguna de las imágenes. No conocerán a todas las personas, pero la escena les resultará familiar. Puede que sean autoridades, protagonistas o espectadores que miran hacia el objetivo. O quizá sea un “robado” que ha congelado el tiempo en un fotograma que resume un momento de nuestra historia.

Una imagen ordenada, delimitada por los bordes del papel, que nos dice: esto ocurrió, esto fue importante, esto merece ser recordado. Pero, al observarla, pregúntense por quienes no aparecen. Alguien preparó el lugar antes de que llegara el fotógrafo. Alguien colocó las sillas, abrió las puertas o limpió el espacio. Quizá alguien cuidó de los hijos de quienes salen retratados para que pudieran asistir. Puede que otras personas llevaran semanas organizando y resolviendo problemas. Nada de eso quedó dentro del encuadre. Las fotografías tienen esa limitación. Nos muestran un instante, pero no siempre aquello que lo hizo posible.

Pensemos en una mujer que por la tarde abre la puerta de la asociación de vecinos. Enciende las luces, prepara café y espera. A veces llega una vecina que necesita hablar. Otras, un grupo que quiere organizar una actividad. Algún día aparece alguien buscando una respuesta que no ha encontrado en ningún otro lugar. No hay cámaras. No hay discursos. No hay inauguración. Pensemos en la entrenadora que abre la pista de un colegio. En el educador que percibe algo extraño en el silencio de un adolescente. En la trabajadora de ayuda a domicilio que convierte durante unos minutos una vivienda solitaria en un hogar. En el profesor que llama a una familia porque un alumno lleva varios días sin aparecer. En quien recoge los vasos o barre la plaza cuando todo ha terminado. Todas esas personas forman parte de la ciudad. Todas esas personas hacen ciudad.

Sin embargo, cuando construimos el relato de lo que somos, solemos mirar hacia los escenarios, los acontecimientos excepcionales y el ruido de quienes más gritan. Confundimos con facilidad notoriedad con relevancia. Lo visible parece importante; lo cotidiano, secundario. Pero una ciudad no se sostiene únicamente sobre sus infraestructuras físicas. Necesita también una arquitectura humana formada por cuidados, vínculos, compromisos y gestos. Una red difícil de fotografiar, pero imprescindible cuando llegan los problemas, la soledad o la incertidumbre.

Miren de nuevo la exposición. ¿Qué fotografía representará nuestros próximos veinte o treinta años? ¿Quiénes aparecerán en ella? ¿Cuántas personas quedarán, una vez más, fuera del encuadre? Aprender del pasado también significa decidir a quién miramos. Ojalá las fotografías que expliquen la ciudad de mañana tengan un encuadre suficientemente amplio para reconocer a quienes hoy la sostienen fuera de plano.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents