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Opinión | Comentarios al paso

Antídoto contra los bulos

Hay gente, un 22% en España, que duda de que los humanos pisaran la Luna. Un 28% cree que nos visitan de vez en cuando los extraterrestres y que los gobiernos lo tapan. Un 5% sostiene que la Tierra es plana. Buena parte sigue empecinada en que las regularizaciones de inmigrantes sirven para proporcionarles automáticamente la nacionalidad, el derecho a votar de inmediato o a obtener graciosamente ayudas masivas. Los más malpensados pronostican el gran reemplazo, una operación encubierta para sustituir gradualmente a la población europea. Unos creen que la ONU, la Agenda 2030 y las políticas contra el cambio climático esconden una estrategia para implantar una dictadura global, eliminar la propiedad privada o sencillamente controlar a toda la población. Otros pregonan que las vacunas contra la covid causan tumores repentinos y acelerados. O que las vacunas infantiles provocan autismo.

Contra la marabunta de los bulos y el tumulto de la desinformación, los griegos inventaron un antídoto hace ya dos milenios y medio. Lo llamaron pensamiento crítico. Una herramienta consistente en dar por buenas solo aquellas afirmaciones que ofrezcan la mejor explicación racional y que hayan superado repetidas comprobaciones empíricas. En otras palabras, conviene que sostengamos siempre sobre cualquier asunto la mejor explicación racional a nuestro alcance, con la condición de que ninguna observación experimental o práctica la haya desmentido. Un ejemplo actual. Algunos defensores de la política de prioridad nacional se valen de una afirmación recurrente e inconsistente: “Los inmigrantes quitan trabajo a los españoles”. El enunciado se refuta fácilmente con los datos del Instituto Nacional de Estadística y de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, que demuestran que los efectos de la inmigración sobre el empleo y los salarios de los nativos son insignificantes. Ningún investigador reconocido dedicado a analizar este tipo de datos ha publicado hallazgos en sentido contrario. Es más, las cifras aportadas por el Banco de España, y no refutadas por ningún otro informe, muestran que la economía de nuestro país no hubiera crecido tanto en los últimos años sin la incorporación de trabajadores extranjeros. No se trata de confiar a pies juntillas en las fuentes oficiales, pero sí de invertir la carga de la prueba y exigir a negacionistas y desinformadores que aporten datos contrastados en defensa de sus tesis y desmonten aquellas explicaciones contrarias provenientes de fuentes autorizadas. Si su respuesta es, como suele suceder, “porque todos están comprados”, entonces concluiremos que será inútil cualquier esfuerzo por convencerlos, que desean evadir la confrontación racional e imponer dogmáticamente sus propias opiniones a la realidad en lugar de someterlas a hechos testados, como proponían los antiguos sabios griegos, mediante el uso del pensamiento crítico.

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