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Maribel Lugilde

Maribel Lugilde

Directora del Centro Integrado de FP de Comunicación, Imagen y Sonido de Langreo

Convalecencia con vistas

Trataré de estirar mi buen estado general de salud para, si preciso alguna reparación, que mi convalecencia sea en una habitación con vistas al mar, en el futuro Hospital Universitario de Cabueñes. Tendré que esperar a 2029, según los cálculos dados a conocer por la consejera de Sanidad, Concepción Saavedra, junto con el nuevo proyecto del equipamiento. Para entonces, el hospital gijonés habrá cumplido los sesenta, ocho más de los inicialmente previstos para su gran cambio. Dadas las diferencias entre el primer proyecto y el segundo, mucho más ambicioso, quizás compense la espera. Eso sí, costará casi el doble y, en paralelo, se irá arrastrando el litigio con la anterior UTE adjudicataria.

Me gusta dejarme sugestionar por los proyectos arquitectónicos y, allí donde la maqueta pone un ser humano, me coloco yo en mi imaginación y disfruto por anticipado, con gentes felices, entornos verdes y un sol idílico. Recuerdo perfectamente el primer diseño de la gran remodelación del hospital gijonés, en 2017, y reconozco que me pareció más futurista que el actual. Pero prefiero este futuro a aquel, porque enseguida se fue por el desagüe de unos sobrecostes que la UTE -integrada por FCC y Los Álamos- reclamó y la administración regional se negó a asumir. Ahí empezó el litigio.

Los sobrecostes merecen un capítulo exclusivo en la historia de la obra pública. Sería interesante saber cuánto se ha acabado pagando de más en nuestro país a empresas que han ofertado precios a la baja para luego alegar, con complejas justificaciones técnicas, que lo firmado era inviable. Pero es cierto que hay razones objetivas para que sea casi un problema endémico. De hecho, sucede en todo el territorio nacional para cualquier administración que saque a concurso público un contrato de obra, servicio o suministro, que quede desierto porque las empresas temen no poder garantizarse el margen de ganancia.

Después de la pandemia, la crisis de suministros ralentizó procesos productivos que, a su vez, paralizaban en cascada el cumplimiento de los contratos. Pero han sido los conflictos bélicos en Ucrania y Oriente Medio los que han puesto la guinda perversa al pastel del encarecimiento de la economía, desde la doméstica -lo vivimos diariamente- hasta la de los gobiernos. Eso sí, a algunas fortunas privadas les ha venido de perlas el mundo en armas. El último informe de Oxfam Intermón lo cuenta divinamente. Las guerras arrasan allí y aquí, mientras engordan cuentas que nunca son a beneficio común.

Así que ya podemos cruzar los dedos para que el sueño del nuevo CAHU no se atasque cuando el Principado lo saque a licitación, después del verano. Y poder presumir a futuro de un hospital puntero, sostenible y que sabe mirar al mar.

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