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Joel Álvarez sufre las consecuencias del wélter: pierde contra Njokuani por decisión unánime

El gijonés, consciente de su desventaja física ante el welter, acepta la pelea con diez días de antelación y cae derrotado en un lance muy disputado

Joel Álvarez, en Filadelfia

Joel Álvarez, en Filadelfia / UFC

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Joaquín Alonso

Joaquín Alonso

Antes de que sonara la primera campana en Filadelfia ya se sabía cómo iba a empezar la pelea. Njokuani, media cabeza por encima del gijonés Joel Álvarez, lo miraba desde arriba en el centro de la jaula. Esa ventaja de centímetros marcaría el ritmo de todo el combate. Lo que nadie podía imaginar es que, al final, sería lo único que de verdad pesara en la decisión.

Joel empezó midiendo a Njkouani, cociendo la pelea a fuego lento, como acostumbra en sus últimas peleas: sin prisa, tanteando distancias, dejando que fuera el americano quien tuviera que ir a buscarlo. Se impuso un intercambio puro de Muay Thai, patada por patada, mano por mano, sin que ninguno cediera terreno. Desde la esquina, El Patrón no paraba de repetir la consigna: “Hay que boxearle hacia adelante, se los come en la barriga”, alentaba. Joel obedeció, y el primer asalto cayó de su lado, aunque no gratis: alguna mano de Njokuani se le quedó marcada en la cara.

El segundo fue el asalto más disputado de la noche, y también el más sucio. Njokuani se lo llevó en las tarjetas, pero también dejó algo que no debería haber contado: un roce de dedos en el ojo de Joel que le acompañaría, doliendo, hasta el campanazo final.

Antes del tercer asalto, El Patrón siguió con la misma estrategia: “Hay que llevarlo contra la jaula, sigue dándole en la barriga”. Njokuani salió mejor al último asalto y Joel lo cerró bien, notando ya el cansancio y el dolor del ojo que arrastraba desde el segundo round, pero conectando varios golpes de poder.

Sonó la campana final con la sensación de que la pelea podía caer para cualquiera de los dos. Difícil para los jueces. Muy difícil. El combate había sido muy igualado, asalto a asalto, cuerpo a cuerpo. Y sin embargo la tarjeta llegó por unanimidad y en contra de Joel: un fallo que nadie en la sala supo explicar. Al final, la única diferencia real entre los dos fue la que ya se veía antes de empezar, la altura. El welter está haciendo estragos en la carrera de El Fenómeno, que, para ser justos, aceptó la pelea con diez días de aviso, cayó en una pelea en la que fue consciente de que ya no posee la superioridad física que derrochaba en el peso ligero.

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