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Entrevista | Guille López Fotógrafo e hijo del artista "Moreno"

Guille López, fotógrafo e hijo del artista asturiano "Moreno", expone en el CMI del Llano: "Luz y grafito también es una forma de revivir el nombre de mi padre"

"Mi padre realizó un retrato del entonces príncipe Felipe que actualmente está en el Palacio Real de Madrid"

Guille Lopez

Guille Lopez / B.M.

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La exposición Luz y Grafito reúne veinte obras (diez fotografías de Guille López y diez dibujos de su padre, «Moreno»), en un diálogo entre dos disciplinas y dos generaciones. La muestra, que ya pasó por la Escuela de Artes y Oficios de Avilés, llega ahora al CMI del Llano de Gijón: podrá disfrutarse del 3 de septiembre al 4 de octubre. Para López, fotógrafo aficionado con una larga trayectoria a sus espaldas, el proyecto supone también una manera de recuperar y compartir la obra de su padre, fallecido en 1985.

¿Qué lugar ocupa la fotografía en tu vida actualmente?

No vivo de ella, aunque hubo una época en la que me llamaban para hacer muchos trabajos. Empecé en Artes y Oficios y fui haciendo retratos, portadas de discos de rock (una llegó a estar nominada a los AMAS), catálogos de moda y de novias, trabajos de publicidad y otras cosas. También he ganado algún premio y he participado en exposiciones. Empecé con una cámara Zenit de carrete que tenía mi padre. Revelar las fotografías costaba dinero y yo tenía muy poco, pero ya entonces hacía fotos. Empecé a tomármelo más en serio hace más de diez años, después de estudiar en Artes y Oficios.

¿En qué momento surge la idea de poner a dialogar tus fotografías con los dibujos de tu padre?

La idea surgió hace unos años, aunque no la llevé a cabo hasta noviembre del año pasado. Yo llevo haciendo fotografía desde hace mucho tiempo y mi padre, que murió hace muchos años, era artista y pintaba al óleo. Desde hace seis o siete años estoy recuperando muchas cosas de mi padre que habían quedado un poco paradas, ya hemos donado algunas de sus obras, por ejemplo, a la Catedral de Oviedo y al Museo de Covadonga, y esta exposición forma parte también de ese proceso. En casa conservamos muchos bocetos de retratos a lápiz y, después de una exposición homenaje que comisarié sobre su obra en Avilés en 2021, pensé que podía ser interesante hacer algo conjunto. Elegí los dibujos a lápiz porque el grafito tiene ese aspecto de blanco y negro que encaja muy bien con muchas de mis fotografías. Al final son dos disciplinas diferentes, pero comparten una estética y, sobre todo, hay un vínculo muy claro: son obras de padre e hijo.

¿Por qué decidiste centrar la exposición en los retratos?

Por dos motivos. Yo en fotografía me dedico sobre todo al retrato porque es lo que más me gusta. Me parece también una de las disciplinas más complicadas: un paisaje puedes volver a fotografiarlo una y otra vez, pero con una persona a veces tienes una sola oportunidad para conseguir el retrato. Y mi padre era también muy buen retratista. Antes de pintar sus cuadros al óleo hacía muchos bocetos y en casa conservamos bastantes. Así que tenía sentido juntar precisamente esas dos cosas.

¿Cuál es tu obra favorita de la colección?

Es una fotografía de una mujer mayor. La hice en la calle Uría, hace unos diez años. La mujer estaba pidiendo y la calle estaba llena de gente. Me paré, le pregunté si podía hacerle un retrato y me dijo que sí. Me alejé y en dos fotografías salió ese retrato. La luz era perfecta, pero muchas veces eso es casualidad. Si hubiera ido diez minutos más tarde podía haber aparecido una nube y la luz habría sido completamente diferente. A veces parece que la fotografía te busca. Además, la expresión de la señora es muy potente. Está en una situación difícil y, solamente viendo el retrato, puedes intuir un poco la vida que lleva. Eso es lo que me gusta de la fotografía: cuando se consigue, un retrato puede contarte muchísimo sin necesidad de palabras.

Tu padre murió cuando eras muy joven. ¿Crees que su manera de trabajar influyó en tu forma de acercarte a la fotografía?

Puede ser. Cuando empecé a hacer fotografía me di cuenta con el tiempo de que quizá había algo ahí. Mi padre murió en 1985, cuando yo era preadolescente, pero de niño pasaba mucho tiempo en el estudio donde él pintaba. Yo podía estar viendo la televisión y, al mismo tiempo, quedarme mirando cómo pintaba, especialmente los retratos. Él hacía muchos retratos por encargo y yo veía cómo plasmaba a una persona en el lienzo. Puede que aquello se me quedara en la cabeza y después apareció cuando empecé a hacer fotografía.

Ahora sus obras vuelven a estar juntas con las tuyas. ¿Cómo te relacionas con la memoria de tu padre al hacer proyectos junto a él?

Para mí hay más complicidad. No lo hago para compararme con él, evidentemente, porque son dos disciplinas diferentes. Tampoco me quiero comparar con nadie. Sí es una manera de revivir el nombre de mi padre y de recuperar una obra que tuvo bastante importancia en Asturias. Entre los años sesenta y ochenta tuvo una trayectoria importante como retratista. De hecho, realizó un retrato del entonces príncipe Felipe que actualmente está en el Palacio Real de Madrid.

¿Y qué viene después de Luz y Grafito?

Tengo otra exposición en mente, aunque todavía tardará porque tengo otras cosas. Está muy relacionada con Asturias y será diferente, menos centrada en el retrato. No quiero contar mucho más todavía, pero sí quiero terminarla.

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