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Notas en la butaca del FICX: "Valle blanco, gallo negro", en busca del canto perdido

Álex Galán logra la proeza de convertir a las gentes de Zarréu en protagonistas de una comedia triste y ácida que respira autenticidad

Nieve en Zarréu, Degaña, en una imagen de archivo.

Nieve en Zarréu, Degaña, en una imagen de archivo. / D. ÁLVAREZ

"Valle blanco, gallo negro" es una elegía. No solo por el urogallo amenazado sino por una forma de vida que parece condenada a la extinción. Zarréu (Degaña) no es solo un escenario: es un personaje más, un valle que "es un lugar extraño", donde las montañas perdieron sus dos símbolos: la mina y el urogallo. En ese plató natural de pérdida, Álex Galán crea una comedia divertida, melancólica y ácida. Y profundamente auténtica sobre la búsqueda de sentido en un mundo indiferente.

Mamen es un brote de exasperación vital en un pueblo bajo mínimos (incluidas las temperaturas). Cansada de que las cookies de Facebook le enseñen anuncios sobre turismo rural, decide pasar de ser el target a ser creadora de una empresa de avistamiento de urogallos. ¡Pero si ya no quedan! La película atrapa la escencia de una Asturias semivacía que, a falta de industria, elige como tabla salvavidas un turismo de lo invisible. Los diálogos de los parroquianos en el bar brillan con escepticismo socarrón cuando se plantea engañar a Mamen... con un urogallo disecado. La llegada del buscador de sonidos que responde al anuncio online de Mamen es el contrapunto adecuado. No busca animales, busca sus huellas sonoras. Mientras el pueblo (y el marido, que prefiere "viajar con el Inserso") ve la idea de la mujer como una locura, el forastero la ve como una partitura por componer. La película se desarrolla entre el humor absurdo (el urogallo disecado siendo fotografiado con la ironía del "va a escapar, eh") y la crítica mordaz. El enemigo de la burocracia se personifica en alguien que encarna el desprecio por lo rural. `

La escena en la que Mamen presenta el urogallo disecado en el colegio y un niño pregunta con genuina incredulidad "¿Está vivoooo?" es de una ternura y autenticidad asombrosas como muestra de esa gente joven que solo conoce la naturaleza a través de lo taxidermizado.

El fracaso del proyecto es inevitable, como lo es la negación de subvenciones. Y en esa derrota nace la belleza conmovedora de la película. No se busca un urogallo sino el espíritu que representaba. El final es melancólico y esperanzador a la vez, amores insinuados, canciones colectivas. "Después de aquel invierno no volví a ver los bosques de la misma manera. En aquel valle tal vez no había nada, pero ahora no puedo parar de buscarlo". Vivir es pelear.

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