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El actor Sergi López presenta película en el FICX: "En la vida queremos aristas, que haya curvas donde pensabas que todo era una recta"

Nominado a mejor intérprete europeo por "Sirat", Sergi López confiesa que con los años aprendió que "no siempre lo vas a hacer bien y no pasa nada. Una película es un intento. Antes me estresaba, ahora asumo que no eres tan importante"

Sergi López, ayer, en los baños de la Escuela de Comercio.   | MARCOS LEÓN

Sergi López, ayer, en los baños de la Escuela de Comercio. | MARCOS LEÓN

Chus Neira

Chus Neira

Gijón

Sergi López llega al FICX con "La terra negra", película de Alberto Morais de ecos pasolinianos en la que encarna al extranjero que llega al pueblo. A punto de cumplir 60 años (dentro de un mes), el intérprete catalán acaba de ser nominado a mejor actor en los Premios del Cine Europeo por "Sirat", un galardón que ganó al inicio de su carrera, en el 2000, por la película francesa "Harry, un amigo que os quiere".

¿Qué siente hoy al pensar en aquella época y aquel premio y en esta nueva nominación?

Estaba haciendo cine en Francia y no me enteraba, no sabía ni lo que estaba haciendo. Ahora sí. "Sirat" sigue este camino de sorpresas, porque esto de hacer una película y que salga bien es un milagro. No sabes de qué depende. Hay algo que sobrepasa la razón, algo que pasa con el público, con la sala…

¿Qué es el cine europeo?

Yo pensaba que era una propuesta más del cine de autor frente al cine norteamericano. Algo queda de esto. Europa es impresionante. En mil kilómetros te encuentras seis culturas, lenguas distintas, gente que come y baila cosas distintas. Asocio esta riqueza con la idea de diversidad frente al pensamiento único.

¿Y qué hay de la industria?

Por eso hablo del milagro, porque esto es muy complicado. Queremos que el público vea cosas diferentes y a la vez estamos en un mundo donde el músculo financiero determina mucho. Es complicado que ese mundo acabe apoyando cosas que tienen que ver con la búsqueda, con lo contemporáneo, con la escritura fuera de lo común. Es una contradicción en sí misma. Queremos una fórmula que funcione y queremos ser libres.

De distintas formas en "Sirat" y "La terra negra" encarna a tipos raros, hombres que no encajan. ¿Qué le pasa con estos papeles?

Es verdad que me doy cuenta de que los personajes raros no sé si me gustan –que sí que me gustan– o me los proponen. Me llaman directoras, directores que les ha inspirado tal papel. Yo le he ido cogiendo el gusto. Me acuerdo de los hermanos Larrieu, unos directores muy epicúreos, unos tíos que siempre nos lo pasamos bien cuando hacemos una peli. Hace tiempo que no trabajo con ellos y cuando los veo me dicen: "Oye, pues pensamos mucho en ti; cuando hay un personaje muy raro nos imaginamos que lo haces tú y nos cuadra más".

¿A qué cree que se debe esta facilidad para hacer al tío-fuera-de-lugar?

Empecé haciendo cine en Francia y no hablaba francés, con un acento de Vilanova que cantaba por un tubo. Sin embargo, he ido haciendo una carrera, y esos tíos fuera de lugar no sabemos de dónde son, pero su acento es de otro lugar. Yo hago cine en Francia y no soy francés. Tampoco vivo en Madrid ni en Barcelona. Por lo tanto, siempre he estado fuera de lugar, en las afueras.

¿Qué hay de estos dos personajes?

Comparten cosas. Saben que entran en un mundo en que van a pillar, que están en riesgo. Que allí, ¡hostia!… No es el tío seguro que está descubriendo el Amazonas. Son tíos un poco perdidos y a la búsqueda de algo, y los dos son carne de violencia en el fondo. Las vida les va a golpear.

A estas alturas de carrera, ¿cómo los prepara, importa la edad?

Hago lo que puedo. Me agarro a la primera intuición de la lectura del guion. A través de las palabras llegas a una impresión profunda que cuenta mucho. Luego, tengo la suerte de que las directoras están todas colgadas, los que hacen películas están desequilibrados. Y tienes una interlocución que te inspira o que te abandona. En todo caso, lo que quiero decir es que esto es un trabajo colectivo.

¿Lo pensó siempre así?

En la juventud resonaba en mi cabeza la idea de que los actores aprendían a ser actores, en un momento eran ya buenos y punto. Y me acuerdo de una película que hicimos con Jean-Luc Bideau, un tipo muy cachondo. Había una cena en la que sacaba unas sábanas y decía que allí había dormido su mujer hacía treinta años, antes de abandonarle. Y lo decía entre lágrimas. ¿Cómo hace esto? Me preguntaba. Y es que lo hacía entre todos. Mirándole a él yo me emocioné. No actúas solo, te agarras a los otros, al entorno, al desierto. Eso es lo que te ayuda a creerte lo increíble, que tú eres otro.

¿Más lecciones?

He aprendido que no siempre lo vas a hacer bien, que no pasa nada, que una película es un intento. Cuando empezaba estaba más estresado por hacerlo bien. Ahora asumo que no siempre es así, que siempre estás empezando de cero, que no todo depende de mí, que no eres tan importante.

¿Qué nos cuenta de esta "Terra negra"?

Es un mundo peculiar de un cineasta peculiar. Es un personaje raro, que no va con el aire de ahora. Alberto (Morais) es un marciano de cojones. Un colgado de Pasolini, del cine, y nos hace actuar de una manera que el primer día que nos conocimos no lo entendíamos. "No hagas nada", nos decía. Nos pedía desnudar la acción hasta llegar a un lugar casi simbólico. Es muy obsesivo, me pedía que ni parpadeara. Fue un gustazo descubrir a un tío con una manera tan diferente de ver el mundo. Y, luego, es un tío muy ateo que aborda la idea del sacrificio del inocente para salvar a los humanos. Es una película difícil de definir.

¿Qué le parece este revival espiritual que estamos viviendo?

No sé. Igual tiene que ver con que en el mundo de hoy la verdad y la mentira no se diferencian. Es tal el lío que igual sí hay una pulsión de mirar hacia dentro y ver lo que te vibra, qué te viene de la tierra. Estamos todos un poco perdidos, y los jóvenes ya no te digo. Y no es su culpa.

La última. ¿Qué le parece el manierismo de la narrativa de las series, la perfección en los productos de ficción?

Parece inteligencia artificial. Parece una peli de James Bond, lo de empezar con una escena de acción acojonante, la chica en el minuto 20, a la mitad el beso… Suena bien, pero al final acaban siendo formatos, formateas las cosas. No hay nada tan horrible como lo de que algo "esté muy bien rodado". Pues sí, claro. Hay drones, grúas, todo es más plano. Pero las aristas son lo que te saca del sitio. Eso es lo que queremos que nos pase en la vida, que haya curvas donde pensábamos que todo era una recta.

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