Opinión
Notas en la butaca del FICX: "La placa" exhuma la historia trágica de una familia
Quirós indaga en la vida de "El Belga" sin maniqueísmos y con testimonios crudos y desgarradores sobre las sombras de la memoria

El actor Nacho Fernández, ante la placa que da título a la película.
José Antonio Quirós no se anda con planos calientes en el documental "La placa, una familia de bien". Ojo a la ironía agria del título. Su documental es un bisturí audiovisual que huye del maniqueísmo para contar historias que dejan un poso amargo, y, sin embargo, en sus imágenes también hay rescoldos de una historia de amor truncada por la fatalidad con un encendido elogio por un paisaje inigualable.
La muerte prematura de Jenny Gutwirth enciende una mecha que dinamitará "una familia de élite" marcada a fuego. La placa es una lápida que firma un contrato simbólico de Marcel Gevers con la mujer ausente y que es, además, un pilar metafórico del relato: es un homenaje a un amor idealizado, vale, pero también la rúbrica impasible de una obsesión dañina.
Dañina sobre todo para las dos hijas, Catherine y Marianne, que son educadas desde la orfandad en un clima de silencios y secretos con un padre brutal y tiránico. Quirós expone cómo esa opacidad emocional arruina la identidad adulta de las mujeres. "El Belga" es alguien hombre de doble personalidad, un tipo capaz de exhibir cierto carisma y audacia que se transforma en un monstruo en casa. "La placa" une con inteligencia la belleza del paisaje de Ribadesella con fealdad emocional de su protagonista, que intenta erigirse en "el hombre fuerte que podía contra los elementos", pero la edificación simbólica cae al mismo tiempo que su estabilidad emocional. La relación con Ivonne rezuma inquietud y desgarro: prometerle a su esposa moribunda que se casaría con otra mujer en tres años tiene la resonancia de una tra(d)ición ritual. Lo que debía dar un "contexto familiar normal" para las huérfanas pasa a ser una convivencia marcada por la humillación, la violencia física y las presiones sociales de una época en la que incluso la Guardia Civil aconseja "aguantarse" por el deber de considerar al padre el jefe incuestionable del hogar. El documental narra también la decadencia final de ese hombre. La evocación del entierro en Hendaya por una de las hijas, desde el odio y el rencor, es perturbadora. Sobrecoge.
"La placa" ahonda en la memoria y sus contradicciones, qué pasa con las familias cuando de desvanece el mito que las sostenía. Con todo, Catherine se atreve a formular una idea luminosa: "Fui resultado del amor" afirma, y cómo duele escucharla.
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