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Gijón y el mar se abrazan en Naval Azul con un paseo que entusiasma a los viandantes: "Ha quedado precioso"

Decenas de vecinos se arremolinan en Palafox para estrenar el trazado, que reconcilia a El Natahoyo con el litoral tras lustros de espera

Los vecinos de Gijón estrenan el nuevo paseo junto al mar de Naval Azul: "Ha quedado precioso"

VIDEO: Oriol López FOTO: Juan Plaza

La entrada de la calle Palafox, en el corazón del barrio de El Natahoyo, bullía de gente ayer al mediodía. Y es que a las 12.30 horas el barrio se reconcilió, tras más de quince años de espera tras el cierre de Naval Gijón, con el mar con el que siempre estuvo ligado. Varias decenas de vecinos -muchos de ellos con sus mascotas- estaban impacientes por ser los primeros en gastar zapatilla en el nuevo paseo de Naval Azul. Y una vez entraron, la opinión fue unánime. "Ha quedado precioso", fue la frase más escuchada entre los viandantes, que celebraron la inauguración de la adecuación provisional de un espacio de 27.000 metros cuadrados de extensión que mira ya al futuro como sede del próximo polo tecnológico de Economía Azul.

El sentimiento entre los primeros caminantes transmitía, en cierto modo, algo de reconquista. Para los vecinos de toda la vida, ver el horizonte sin obstáculos ha sido la mayor recompensa. Entre los grupos de visitantes, el formado por Guillermo López, Margarita Iglesias y Sara Estébanez, acompañados por su perro "Alfie", destacó lo "especial" de la jornada al descubrir zonas que, a pesar de vivir al lado, nunca habían visto y señalaron que la apertura del barrio al mar es "lo más importante" de esta intervención, que inauguraron la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, y el concejal de Infraestructuras, el forista Gilberto Villoria.

Enrique Iglesias y Maria del Mar García, también de El Natahoyo, confesaron haber esperado este momento con "mucha ilusión", más tras ver el discurrir de la obra durante los últimos meses desde su ventana. "Para el barrio viene de muerte", afirmaba Enrique, resaltando lo abierto que ha quedado el paisaje.

José Álvarez y Miriam Garrido, quienes paseaban con su perrita "Layla", se acercaron desde Pumarín, y, pesar de no ser vecinos, José reconocía una pizca de nostalgia por la desaparición de la industria naval, aunque ve el nuevo espacio como un "progreso". "Esto le da vida al barrio", señalaba tras destacar la importancia de ampliar los kilómetros de costa para el peatón.

Por su parte, el grupo familiar de Miguel Revilla y Deva Sánchez, junto a sus hijos Jorge y Leo, bromeaban con el nuevo estatus del barrio. "Ahora estamos en Brooklyn", comentaban con humor, refiriéndose a la modernización de la zona, que "está de moda" y que seguramente haga que se revaloricen los pisos "hasta costar más que en Viesques". "Yo no recuerdo haber podido ver el mar desde aquí en toda mi vida", aseguraba Miguel frente a la nueva postal de la costa gijonesa.

La transformación técnica del espacio también ha sido muy valorada. Adrián Viñes y Lucía Escobar, junto a su sobrino Cristian Viñes, recordaban cómo, hasta hace poco, este suelo solo se aprovechaba durante la Semana Negra. "Ahora está más saneado, antes se veía todo derruido y viejo", comentaban mientras admiraban las dos cunas de Duro Felguera que decoran una de las futuras zonas verdes y los diques donde antaño se gestaban barcos, ahora reconvertidos en un paseo "guapo, cómodo y espacioso" que ha logrado que El Natahoyo deje de ser la periferia industrial para convertirse en un centro de esparcimiento para la ciudadanía.

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