Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

El Lauredal, el barrio de Gijón que ha ganado su batalla contra el ruido industrial por esta razón: "Antes sonaba como los motores de un Boeing"

Los vecinos esperan ahora que también baje la contaminación

El Lauredal

El Lauredal

Gijón

El sínter B de la factoría gijonesa de ArcelorMittal, que la multinacional siderúrgica clausuró el pasado 30 de diciembre, no va a echarse de menos en el barrio de El Lauredal. En este barrio gijonés han dejado de oír los ruidosos ventiladores de esta instalación industrial y ahora aguardan a conocer la incidencia de su cierre en los elevados niveles de contaminación que viene sufriendo este punto de la zona oeste de Gijón.

"La contaminación acústica de ese sínter la notábamos bastante a última hora del día, por la noche, por el ruido que producían los dos potentes ventiladores que tiene. Sonaba como los motores de un Boeing 727", señalaba ayer uno de los vecinos del barrio que durante años han tenido que convivir con aquel ruido. "La gente ahora dormirá mejor; lo vamos a notar en calidad de vida", agregó.

Otro aspecto del que están pendientes los vecinos del barrio, las organizaciones vecinales y también las ecologistas es comprobar si la clausura de esa instalación fabril tiene incidencia –y de ser así hasta qué punto– en los niveles de contaminación que sufre El Lauredal, en cuya estación de control de la calidad del aire muy frecuentemente se registran las peores mediciones de todo Gijón. "Habrá que esperar" para tener un número suficientemente representativo de promedios diarios para conocer la incidencia.

Estudios elaborados en 2015 por el Principado habían detectado como principales focos de la contaminación industrial en Gijón instalaciones de Arcelor y, entre ellas, los sínter. Desde entonces la compañía siderúrgica implementó mejoras ambientales en varias de sus instalaciones. Aunque muestran prudencia respecto a cómo se traducirá ese cierre en los niveles de contaminación en el barrio, las fuentes vecinales consultadas apuntan que "creemos que se notará bastante". El tiempo dirá si es así.

El año pasado, el Ayuntamiento tuvo que activar en varias ocasiones el protocolo ante episodios de contaminación, la mayor parte de las veces por la mala calidad del aire registrada en la estación de control de El Lauredal. En una de las ocasiones, a finales de diciembre, el protocolo se activó en su nivel máximo, el de alerta o nivel 2. Fue la primera ocasión de activación de ese nivel del protocolo, pero no porque lo que ocurriera fuera una novedad en El Lauredal. Durante años se han registrado en diversas ocasiones periodos de varias jornadas consecutivas con niveles muy elevados de contaminación por pequeñas partículas como son las inferiores a 10 y a 2,5 micras (PM 10 y PM 2,5), nocivas por sus reducidos tamaños. Cabe recordar que, a menos tamaño, más profundamente entran en los pulmones, pudiendo llegar incluso al torrente sanguíneo en el caso de las PM 2,5.

Además de los episodios de alta contaminación por partículas, en la zona de El Lauredal también se registran periódicamente mediciones de niveles altos de benceno en el aire. Los elevados niveles de contaminación no se remontan sólo a las mediciones de la estación fija de control de la red del Principado. Durante años estuvo estacionada en el mismo lugar una unidad móvil del Ayuntamiento de Gijón, con registros de niveles de polución muy elevados. La diferencia es que aquellas mediciones no computaban para la adopción de medidas como sí ocurre ahora.

Los vecinos de estas zonas de la ciudad de su parte oeste también se ven afectados por la contaminación con partículas sedimentables, que se depositan sobre los patios de sus viviendas o sobre los vehículos aparcados en las calles, donde también se dejan notar en las aceras o sobre el mobiliario urbano. Especialmente, cuando no llueve. Este polvillo, en todo caso, es menos nocivo para la salud que las pequeñas partículas, que no se ven.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents