La historia de superación de Luciano Rodríguez, un gijonés que encontró su "salvación" en el Albergue Covadonga: "Me diagnosticaron cáncer y estaba solo, sin apenas recursos"
Vecino de La Calzada, acudió en 2010 al recurso como usuario y más tarde ha aportado su ayuda como voluntario

Luciano Rodríguez con dos de las religiosas de las Hermanas Terciarias Capuchinas en el Albergue Covadonga. / Marcos León
Luciano Rodríguez regresó el pasado domingo a la que considera que fue su "salvación" cuando pasaba por los instantes más duros de su vida. Este gijonés fue uno de los participantes en el acto de despedida del Albergue Covadonga a las Hermanas Terciarias Capuchinas, la congregación que estuvo presente desde los inicios de la institución. Para Rodríguez, gijonés de 55 años y vecino de La Calzada, estas religiosas fueron un pilar fundamental para poder avanzar cuando se encontraba "solo, sin apenas recursos y luchando contra el cáncer".
Rodríguez, quien se fundió en abrazos con las religiosas que acudieron el domingo a las instalaciones del Albergue, no pudo evitar emocionarse a lo largo del acto. Este gijonés explica que las conoció en su primera etapa como usuario del Albergue y que más tarde compartió grandes momentos con ellas al trabajar como voluntario en el recurso.
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La decisión de pedir ayuda al Albergue Covadonga la tomó Rodríguez en el 2010. De aquella, estaba recibiendo un tratamiento contra el cáncer que le habían diagnosticado. "Fueron momentos muy difíciles y ellos. Me encontraba solo y cada vez tenía menos recursos", recuerda.
Luciano Rodríguez no duda a la hora de afirmar que "el cariño que encontré aquí fue clave para poder curarme". "Estuve en un piso tutelado y compartí muchos instantes con las religiosas y con el resto de integrantes del Albergue. Siempre digo que ellos fueron en gran parte quienes me salvaron", comenta Rodríguez, que estuvo como usuario del recurso desde 2010 y hasta 2014.

VÍDEO: Nico Martínez / FOTO: Marcos León
"Conseguí rehacer mi vida gracias al Albergue"
Desde ese año y hasta la pandemia, para devolver ese apoyo, decidió participar como voluntario. "Empecé a dar desayunos, comidas... Ahí ya había conseguido rehacer mi vida gracias al Albergue. Ahora llevaba un tiempo sin venir", destacó.
Rodríguez considera que la marcha de las Hermanas Terciarias Capuchinas es una "noticia triste". No obstante, confía en que la entidad mantenga los valores que aportaron las religiosas. "Vamos a echarlas mucho de menos, pero seguro que va a ir todo bien porque aquí hay mucha gente que está muy comprometida", zanja.
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