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La figura de la semana: Patricia Rodríguez, metro y medio lleno de teatro

Entre "Hamlet" y "La Tempestad" están las últimas alegrías de Patricia Rodríguez (Gijón, 1976), una teatrera todoterreno para la que ahora resuenan los aplausos en Londres, en un lugar tan simbólico como el Shakespeare’s Globe Theatre

Patricia Rodríguez Méndez.

Patricia Rodríguez Méndez. / Mortiner

A. Rubiera

A. Rubiera

La Calzada

Patricia Rodríguez Méndez (Gijón, 1976) ha empezado el año viviendo el sueño de casi cualquier teatrero. El de pisar las tablas de un simbólico templo mundial de la escena como es el Shakespeare’s Globe Theatre. El teatro londinense donde el dramaturgo inmortal desarrolló gran parte de su obra y del que fue incluso accionista. Una experiencia increíble que esta gijonesa de La Calzada vivirá y disfrutará –como siempre hace– hasta el mes de abril. La paradoja es que el proyecto ha llevado a Patricia Rodríguez de regreso a Londres cuando volvía a estar asentada en Asturias, tres lustros después de haber salido a conocer y experimentar qué teatro se hacía por el mundo.

La excusa se la dio por aquel entonces, en 2003, una beca artística de Cajastur que la llevó a Francia, a formarse en la Escuela de Philippe Gaulier (antes había pasado por el ITAE, el Instituto del Teatro y las Artes Escénicas), y la propulsó como actriz sin fronteras. En París o Australia tuvo su base vital en algún momento de la primera década del siglo XXI. Y fue en Londres donde se asentó en 2006. En la capital británica vivió, trabajó, fundó compañía (Little Soldier Productions, en 2010, con Mercè Ribot) y formó familia. Y estableció redes y contactos tan sólidos como el que ahora le ha puesto en suerte la participación en la shakespeariana "The Tempest", en la versión de Tim Crouch, uno de los dramaturgos más innovadores de la escena londinense.

Por mucho que ya estuviera de vuelta en casa, porque nunca dejó de tirarle la tierrina y las raíces, poco le cuesta a la hija de Domingo y Ana María coger el petate si la ocasión lo merece. Que para eso tiene el apoyo incondicional de su pareja, el sueco Gustaf Nilsson, y de sus dos hijos Samuel (11 años) y Carmen (7 años), los tres buenos aliados de sus planes teatrales desde bambalinas. Hasta Samuel ha hecho ya algunos pinitos en escena y Gustaf, con una amplia carrera como técnico de posproducción de cine (ha trabajado en "The Crown", "X-Men" o "Harry Potter", entre otras muchas...), ha aportado su saber como compositor digital a algún proyecto de su pareja.

Dicen los que más la conocen que, con mucho y muy bueno ya hecho en los escenarios locales e internacionales, a Patricia este último trabajo en Gran Bretaña le está sirviendo para completar todo el saber que lleva acumulado sobre el arte escénico. En este caso, formando parte de un proyecto que por sí solo tiene números casi de industria. Contaba a alguna amiga, curtida como ella en la magia de cargar y descargar la tramoya en cada espectáculo propio, que en Globe detrás de los actores hay un equipo que bien puede superar el medio centenar de personas. Con razón le está dando otras perspectivas a una mujer ávida de conocer, aventurera, con ganas siempre de poner en marcha proyectos, de remar a favor de todo y de ofrecerle al público nuevas formas de hacer teatro. Un teatro que ella concibe como espacio de pensamiento y de placer, de ahí que siempre busque la vertiente lúdica, desenfadada y gamberra hasta para revisar a los clásicos.

Si bien empezó como actriz en 1998 -su estreno fue en el teatro Palacio Valdés, con la obra "Las sillas" de Ionesco, en un montaje de Barataria Teatro- ha superado el cuarto de siglo en escena exprimiéndose también como directora, promotora, dramaturga, pedagoga y creadora. Esos que bien la conocen no se ponen de acuerdo en qué papel le sienta mejor.

En el resto casi no hay opiniones discrepantes. Hay unanimidad en su creatividad, su capacidad de trabajo, de liarse la manta a la cabeza, liar a otros y llegar a buen puerto. Unanimidad en lo bien que se le da el trabajo colectivo y el rigor desde el que lo aborda todo. En su dulzura, jovialidad, en su positividad y optimismo nato, como su cualidad para limar cualquier aspereza, sobre todo con una carcajada.

Porque divertida, risueña y vitalista lo es. Una payasa con todo el cuerpo –de hecho, defiende con ahínco "la capacidad del clown y de la comedia física para subvertir modos de hacer en el mundo del teatro"–. Y todo eso sale de su metro y medio de estatura, donde también cabe la valentía para no dejar pasar muchos trenes y la capacidad de sacarle el jugo a todo.

"Es de esas personas que quieres en tu vida, sea para tomar una cerveza o para compartir piso"; "siempre que la tienes cerca ocurren cosas mágicas", dicen los amigos y conocidos. En lo artístico la reconocen mucho más de lo que seguro se imagina. "Es la actriz con el arco profesional más amplio de Asturias y de las más interesantes", dice un experimentado director; "una tía estupenda, con mucho mérito; merece lo bueno que le pase", según otro; "de las personas más relevantes del mundo teatral que ha dado la región en los últimos 30 años", apostilla una compañera. Y como nada se le pone por delante a esta historiadora del arte (que también lo es), en breve estará dirigiendo su versión de "Drácula" con sus amigos de Guayominí Producciones. Con los que aún celebra un éxito: su obra "Hamlet" ganó hace unos meses en el Certamen Internacional Barroco Infantil del Festival de Almagro. Y en ese "Hamlet" ella es directora, dramaturga y actriz. Todo dicho.

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