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Colas en la iglesia gijonesa de Jove para comprar 600 kilos de rosquillas a la venta por San Blas: "Hemos llegado a entregar hasta 200 paquetes a una sola persona"

El templo vivió una intensa jornada de devoción, con misa solemne, procesión y el reparto masivo del dulce

La Iglesia de Jove celebra su tradición con miles de rosquillas en honor a San Blas: "Tengo mucha fe en él"

VÍDEO: Demi Taneva/ FOTO: Marcos León

Demi Taneva

Demi Taneva

La Iglesia de Santa Cruz de Jove volvió a convertirse esta mañana en el epicentro de una de sus tradiciones más arraigadas con motivo de la festividad de San Blas. Desde primera hora de la mañana, decenas de vecinos formaron largas colas para adquirir las tradicionales rosquillas, en una jornada marcada por la devoción, el ambiente familiar y el recuerdo de una costumbre que se remonta a más de ocho décadas.

El reparto comenzó a las 10.30 horas y se mantiene durante todo el día, con 600 kilos de rosquillas divididos en miles de paquetes preparados para atender la elevada demanda. A mediodía, la misa reunió a numerosos fieles, que posteriormente participaron en la procesión por el entorno parroquial.

Un santo sanador con siglos de historia

El párroco de Jove, Eduardo Zulaiba, recordó durante la jornada la figura de San Blas, obispo y médico del siglo IV, conocido por sus curaciones y por ser protector de las enfermedades de garganta. “Pertenece al grupo de los santos que curaban sin cobrar, los anárgidos, y se hizo famoso por salvar a un niño que se estaba ahogando con una espina”, explicó. Esa vinculación con la salud sigue muy presente entre los fieles. “Canto en un coro y siempre llevo rosquillas para mis compañeros”, contaba María Jesús Alonso mientras recogía varios paquetes.

La tradición de las rosquillas se remonta a 1942, cuando el entonces párroco, Don Eladio, trajo la receta desde Oviedo. Aquel primer año se elaboraron apenas 20 kilos. Hoy, la producción supera ampliamente los 600 kilos. “Este año reservamos unos 5.000 paquetes para el día grande”, señaló Zulaiba, que confirmó que incluso esta mañana se han registrado compras de hasta 200 paquetes por persona.

Largas colas por la devoción

Uno de los responsables históricos de la organización es Víctor Pando, parroquiano de 89 años, que volvió a coordinar el reparto. “La mañana fue perfecta. Mejor organizada que otros años. La gente ya sabe que no hace falta correr”, afirmó. Según explicó, durante las primeras horas ya se habían repartido 500 cajas, cada una con medio centenar de paquetes, reflejo del enorme tirón de la celebración.

Entre los asistentes predominaban las historias ligadas a la familia. Begoña Martín acudió, como cada año, para recoger siete paquetes. “Es tradición desde que era pequeña. Tengo que venir, si no por la mañana, por la tarde”, aseguraba.

Conchita Acuña, por su parte, no quiso faltar a una cita que mantiene desde hace más de tres décadas. “Vengo desde que mis hijos eran pequeños. Es muy emotivo, sobre todo para quienes tienen problemas de garganta”, relató tras adquirir 63 paquetes para repartir.

También durante la misa se escucharon testimonios de fe y agradecimiento. María Dolores Domine recordó la importancia de San Blas en su familia. “Mi padre se llamaba San Blas y hacía hoy 105 años, San Blas en mi casa siempre lo fue todo”, contó. Mientras que Virginia Secas acudió pidiendo protección tras haber sufrido una lesión. “Tuve un pequeño problema de garganta y me curó. Hoy vengo con una mano que rompí, a ver si me la cura. Tengo mucha fe en él”, afirmaba.

Un cierre solemne para la jornada

La celebración culminó con la misa solemne, acompañada por música en directo, y con la posterior procesión, uno de los momentos más esperados por los vecinos. La homilía giró en torno a valores como el compromiso, la gratuidad y el compartir, inspirados en la figura del santo.

Durante toda la tarde continúa el reparto de rosquillas, poniendo el broche a una jornada multitudinaria que volvió a demostrar el arraigo de San Blas en Jove.

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