Opinión
Asturias aborigen
La banda mallorquina de música “The Deaf Buffalos” ha dedicado el tema “Dios bendiga Airbnb” al problema crítico de vivienda que atraviesa la población de la isla. El título parece aludir exclusivamente al alquiler vacacional, pero la canción, cargada de sarcasmo, habla de la hiperinflación del precio de venta o alquiler de la vivienda. El negocio inmobiliario ha ido acorralando o directamente expulsando a los habitantes baleares, que se debaten entre el sentimiento de pertenencia y el de extrañeza en su propio territorio. “Soy aborigen, parte del decorado, un paria del sistema social” clama el solista. El vídeo vuela en redes.
Los músicos mallorquines podrían decirnos a los peninsulares, como la actriz argentina Dolores Fonzi en la ceremonia de los Goya “vengo del futuro, no caigan en la trampa” porque lo que está ocurriendo en las islas es el horizonte al que estamos abocados quienes vamos unos pasos más atrás en lo que fue negocio turístico y ahora también delirio inmobiliario. En los medios hemos podido ver casos impensables hace unos años de funcionarios destinados a Baleares renunciando a plazas porque sus sueldos no dan para un alquiler o personal sanitario viviendo en caravanas.
Hemos conocido estos días datos que marcan aquí una tendencia significativa. Tres barrios de Gijón -Centro, Arena y El Natahoyo- copan los precios de alquiler más elevados de Asturias; superan los mil euros mensuales. A su vez, nuestra región es la tercera comunidad autónoma donde más ha crecido la compra de vivienda por parte de personas extranjeras: un 43,1% en los últimos tres años. Mientras tanto, la deuda de inquilinos morosos ha subido en Asturias un 3,3% porque hoy el alquiler representa el 34% de los ingresos mensuales de las familias y esa es una frontera que amenaza su estabilidad económica.
Éste es el paisaje, un recorrido de cifras inflamadas aquí, en nuestras calles, que se traduce en jóvenes imposibilitados de arrancar un proyecto vital, trabajadores con sueldos medios o personas que se jubilan con pensiones pequeñas -por ejemplo, autónomos- sentenciados a la pobreza. Es decir, el problema amenaza con provocar una emergencia social. Aquí, en nuestra dulce periferia costera de clima templado, verdor, arena y sidra.
Mientras la especulación cabalga y aumenta la tentación de pescar en este río de dinero, contemplamos el pimpampum entre gobierno asturiano y ayuntamiento de Gijón por el rechazo de este último a declarar Cimavilla y La Arena zonas de mercado residencial tensionado, lo que permitiría limitar precios para evitar que la ley del mercado transmute en ley de la selva.
Ignoro si en Baleares se barajó en algún momento esta opción pero intuyo que hoy muchos allí viajarían al pasado para apoyarla y evitar un presente de aborígenes a punto de ser desahuciados de su propio decorado.
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