Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Es noticia

Corto Gijón rompe fronteras y prepara una expansión para la próxima cita

Las "proyecciones, charlas y encuentros" forman parte del elemento que avanza Sergio Valbuena y que acercará el celuloide a la zona oeste de la ciudad

El director del festival Corto Gijón, Sergio Valbuena.

El director del festival Corto Gijón, Sergio Valbuena. / Pablo Roces Albalá

Corto Gijón no solo ha cumplido doce años de vida, ha alcanzado una madurez que le empuja a desbordar sus límites. El festival, que acaba de clausurar una edición marcada por el éxito de crítica y público, encara ya su futuro con ambición. La gran noticia para los amantes del séptimo arte es que el certamen contará a partir del próximo año con un nuevo espacio de exhibición propio y permanente en la zona oeste, entre los barrios de Moreda y El Natahoyo, transformando su actual sede logística del área en un punto de encuentro cinematográfico.

"La gran novedad es que el año que viene vamos a dotar a nuestro local en la Avenida José Manuel Palacio de una nueva sala de cine", adelanta el director del certamen, Sergio Valbuena, que precisa que la hoja de ruta marca que la dependencia se rehabilitará “acorde” al inmueble para ser por derecho propio "un espacio nuevo del festival para hacer proyecciones, charlas y encuentros". Este nuevo equipamiento, a ubicar en la avenida José Manuel Palacio, busca devolver el cine a los barrios, concretamente a los dos citados. y, con ello, según estima el director, renovar el compromiso del festival con la descentralización de la cultura.

Este crecimiento físico en Gijón es el reflejo de una expansión geográfica que ya ha dado sus primeros frutos este año. Corto Gijón ha salido de sus fronteras habituales para testar el interés del público en otros puntos del Principado, con resultados que han superado las expectativas. Las proyecciones en la Casa de Cultura de Llanes y en el Cineclub del Milán, en Oviedo, colgaron el cartel de completo la semana pasada. "El festival está lo suficientemente consolidado como para pensar en abrirnos a nuevos espacios y concejos", explica Valbuena.

La intención de la organización es dar continuidad a estas sedes: "Llanes y Oviedo seguirán el año que viene seguro. El feedback es muy positivo y tiene mucho sentido lo que hemos hecho allí". Además, la organización ya baraja nuevas incorporaciones para la próxima edición dentro del propio municipio, con el centro municipal de Gijón Sur como uno de los espacios prioritarios en la lista de deseos.

Respaldo de las cifras

Las cifras respaldan este optimismo. Con un total de 2.500 espectadores, el festival ha batido su propio récord de asistencia, pero el dato más relevante para la organización no es la cantidad, sino el perfil del asistente. Se ha detectado un notable "rejuvenecimiento del público", un hito que Valbuena atribuye a la apuesta por el talento joven local. "El hecho de haber estrenado siete cortometrajes asturianos nos ha ayudado mucho a tener esa cercanía con los directores y directoras jóvenes del Principado", afirma.

Ese público joven ha conectado con una programación que no ha rehuido la confrontación con la realidad social. El festival se ha convertido en un altavoz de denuncia, abordando en su selección temas como el drama de la vivienda, los fondos buitre, la xenofobia o la homofobia. Según el director, "el cine tiene que estar muy ligado a la actualidad y denunciar las injusticias del mundo. Este año hemos visto que la tendencia va por esa línea y nosotros queremos estar cerca de ese tipo de propuestas".

Asturias, cantera de calidad

El certamen también ha servido para certificar el excelente estado de salud del audiovisual asturiano. Valbuena destaca que, pese a ser una comunidad pequeña, el nivel técnico y narrativo es cada vez más alto, gracias en parte a las políticas de subvenciones de la Consejería de Cultura, Política Llinguística y Deporte . "Ya no es solo que se seleccionen cortos en Asturias, es que nombres como Alicia Moncholí o María Jarandi están en festivales como Málaga o la Seminci. Eso demuestra que fuera de nuestras fronteras regionales el corto asturiano interesa", explica con orgullo.

Esta relevancia nacional se ha visto reforzada por la presencia en Gijón de figuras de la talla del director Lluís Miñarro o el actor Juan José Ballesta, quien presentó en el festival el estreno nacional de “Dopamina Zero”, del realizador Rodrigo Marini. Para Corto Gijón, estas visitas no son meros actos promocionales, sino una oportunidad de generar "encuentros reales" donde el público pueda charlar y debatir sobre cine más allá de la pantalla, además de dejar claro para el que crea que el cortometraje es un formato menor que está equivocado: "Es absolutamente cine en estado puro".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents