Llegaron midiendo menos de un palmo y ahora ya bordean el kilo: las tortugas bobas del Acuario de Gijón pegan el estirón
Veinte de los 29 animales están a punto de cumplir medio año en el centro: "Las devolveremos en junio al Mediterráneo"

Pablo Palomo / Ángel González

Llegaron midiendo poco más de 15 centímetros y pesando menos que una manzana. Y ahora para sacarlas del agua hay que agarrarlas con las dos manos y algunas ya frisan el kilo de peso. Así que se puede decir que las 29 tortugas bobas que han hecho del Bioparc Acuario de Gijón su hogar ya han pegado el estirón. Los 29 animales, veinte de ellos llegados de Murcia y el resto de Mallorca, siguen en volumen, fortaleciéndose en las cubas del Centro de Recuperación de Animales Marinos de Asturias (CRAMA), para poder hacer las maletas con el inicio del verano y nadar por su cuenta en junio en su lugar de origen: el Mediterráneo. "En otros centros nos comentaron que, aún teniendo apoyo, la tasa de superviviencia de los animales era complicada. Por ahora, siguen todas así que tocamos madera", cuenta Susana Acle, la responsable de veterinaria del Acuario.
El CRAMA se ha convertido en el Acuario en una especie de guardería para los animales. Con restos de condensación en las ventanas de la nave por las grandes cubas de agua donde aletean las tortugas bobas (cuyo nombre científico es, por cierto, tortuga caretta-caretta), antes de entrar hay que introducir las suelas de las zapatillas en un recipiente con agua para preservar el ambiente del recinto. Allí, cada bocanada de aire huele a piscina y Susana Acle y el resto de personal encargado del cuidado de estos bichillos hablan con voz baja, casi a susurros, para no perturbar la tranquilidad de los animales. Especialmente, para no estresar a la foca que allí se recupera.
Las protagonistas, ahora, son las 29 tortugas. Las veinte que vienen de Murcia llevan en aguas gijonesas desde octubre. O sea, casi medio año. Las de Mallorca empezaron a bucear casi por Navidad, en diciembre. Los animales nadaban ayer despreocupados en sus cubas. Cuentan con luz ultraviolenta para darles calor, comen varias veces al día y están repartidos en los grandes calderos en zonas compartimentadas con redes, que forman varias áreas con forma de quesito del Trivual. En su caparazón, con pintura blanca, tienen pintado un número para identificarlas, similar al dorsal de una camiseta de fútbol. Se busca que lleguen a superar el kilo de peso para su suelta, que será en junio. Algunas ya andan por los 900 gramos.

Las tortugas del Acuario de Gijón pegan el estirón / Ángel González
Llegaron al CRAMA dentro de un programa regional de conservación. Recién eclosionadas, apenas pesaban 50 gramos y medían menos de un palmo. Su caparazón era blandito y tenían un color negruzco que en nada se le parece al verde del que ahora pueden presumir. Los Centros de Recuperación como el de Gijón son muy importantes para una especie en peligro de extinción. Las tortugas bobas suelen poner sus huevos en verano y estos llegan a la playa. Son animales que, recién llegados a este mundo, están casi desvalidos. "Su tasa de supervivencia es de uno de cada mil", apunta Acle. Tienen, además, otra complicación. El cambio climático las afecta mucho ya que, en función de la temperatura del agua nacen más machos o más hembras. Si el agua está caliente salen más hembras y al revés. "La idea es que puedan estar aquí nueve meses y luego devolverlos a sus zonas ya más inmunes y más resistentes", aclara Acle.
El proyecto tiene también una función investigadora. Los profesionales del Acuario extraen de las tortugas ingentes cantidades de datos. Investigadora y divulgadora porque cabe recordar que el CRAMA es una zona visitable del Acuario. "Todas estas cuestiones nosotros las contamos. Tenemos esa capacidad de divulgación y educativa que siempre es interesante", remata Acle.
A las tortugas bobas todavía les quedan varias semanas nadando apaciblemente en las cubas del CRAMA. Cuidadas por las veterinarias del Acuario, que las pesan, las alimentan y les limpian su casa con mil atenciones siguen cogiendo fuerzas para volver a casa, a donde nacieron.
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