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Opinión | Caloninos en la Cantábrica

Más que mirar al mar

Los aniversarios del Acuario y el Oceanográfico

Gijón siempre ha sido una ciudad que ha sabido mirar al mar, aunque no siempre se ha esforzado igual por cuidar sus aguas. Las olas del Cantábrico hacen de la capital marítima del Principado un lugar abierto, acogedor e integrador entre el olor a ocle y salitre y el humor playu y la coña marinera. Una vez más, juega su futuro, el de las próximas décadas, al azul gracias a ese proyecto que poco a poco se va levantando en los antiguos astilleros de Naval. Se habla de economía, de empleo y de futuro, pero quizás haya que poner también el foco en el cuidado de nuestro mar y nuestras playas que de tanto en tanto la pleamar tiñen de negro carbón.

Bueno es poner en valor la labor de quienes desde hace años vienen protegiendo el mundo marino. En Gijón hay dos claros ejemplos de ese trabajo sincero, riguroso y comprometido como son el Acuario Bioparc, desde la orilla de Poniente, y el Centro Oceanográfico, desde El Arbeyal. Un esfuerzo que no se puede despachar tan solo con un aplauso colectivo porque ambos centros estén ahora de aniversario, sino que deben ser piezas claves de ese Gijón que quiere pintarse de azul para garantizarse su futuro. Darles apoyo, sitio y reconocimiento no es deber solo de las administraciones públicas, también de los propios gijoneses.

El trabajo realizado por el centro integrado en la red del Instituto Español de Oceanografía, liderado desde hace un par de años, Rafael González Quirós, que esta semana celebró su primer cuarto de siglo, ha permitido conocer más a fondo los mares y almacenar datos para paliar los efectos, por ejemplo, de los cambios de temperatura que se están experimentando en los últimos años. De hecho, aspiran ahora a encontrar espacio, como desveló el propio González Quirós en un acto impulsado hace unos meses por LA NUEVA ESPAÑA, en Naval Azul para ampliar y potenciar todas esas investigaciones.

Qué decir del mimo con el que atienden en el Acuario que este 2026 celebra sus dos décadas de vida. El Centro de Recuperación de Animales Marinos de Asturias (CRAMA) todavía recibió esta semana una tortuga lora que apareció en El Musel con muchos problemas hasta que los veterinarios del Bioparc han logrado sacarla adelante. Más allá de esos cuidados, como la foca liberada hace unas semanas, también juega un papel importante en la investigación, como, por ejemplo, sobre las carabelas portuguesas que en los últimos veranos han condicionado los caloninos de los gijoneses.

Mirar al mar implica mirar a quien lo cuida. Y colaborar en la medida de lo posible en lograr ese mismo objetivo. Por eso resulta curioso que una ciudad que clama cada vez que el carbón del Puerto aparece en los arenales urbanos tenga un debate abierto por la presencia de los perros en las playas. Lo señalaron los expertos del CSIC en el último consejo de Bienestar Animal del Ayuntamiento y hasta un técnico del Principado al que luego, sus jefes de la consejería, dejaron solo para evitar polémicas. Quizás haya que ser valientes desde el Ayuntamiento, como parece que se pretende con la nueva ordenanza. Salvo que se demuestre, claro, que los perros de Oviedo, por citar una ciudad cercana, son menos felices y ladran distinto por tener que bañarse en fuentes.

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