Alberto tiene 82 años y tras vivir en la calle más de una década ahora acaba de conseguir una vivienda en Gijón: "Pensé que nunca más iba a tener un techo"
La gestión de Mar de Niebla, a través de su Proyecto Eslabón, ha resultado clave para que este argentino cuente con un hogar desde la semana pasada: "Me han dado la mayor oportunidad"

La trabajadora social Blanca Álvarez con Alberto, ayer, en la sede de Mar de Niebla. / N. M. R.
La situación de Alberto ha cambiado por completo desde hace una semana. Tras más de una década viviendo en la calle en Gijón, este argentino de 82 años ha logrado encontrar una vivienda gracias a la gestión de la Fundación Mar de Niebla, la entidad a la que se acercó en 2022 con la esperanza de rehacer su vida. "Desde que entré sentí que me escuchaban y me comprendían. Me han dado la mayor oportunidad", agradece Alberto, que asegura que "llegué a pensar que nunca más iba a tener un techo".
Cuando Alberto se trasladó a Gijón por motivos personales en el año 2000 desde su tierra, Argentina, lo hizo para encontrar nuevas oportunidades y conocer otro país. Hasta 2012 pudo vivir de alquiler en un piso de Montevil con las ganancias que obtenía de los trabajos temporales que realizaba, pero el aumento de los costes le llevó a encontrarse en situación de sinhogarismo. "Estuve durmiendo por la zona de los Pericones y más tarde pasé a estar en naves abandonadas. Era una situación durísima. Uno nunca sabe lo duro que es hasta que se ve así. Iba a comer y a tomar café a la Cocina Económica y al Albergue Covadonga, donde dormía cuando se podía. Mi vida se convirtió en un bucle entre la calle y los recursos para personas sin hogar", cuenta Alberto.
Pese a esa complicada realidad, este argentino afrontó sus primeros 10 años en la calle con un pensamiento que trataba de tener presente en todo momento. "Siempre me decía a mí mismo que en algún momento tenía que aparecer una salida. De alguna forma tenía que salir adelante, pero tenía claro que la calle no le compensa a nadie. Ver cómo pasaban los días era aplastante", resume Alberto, quien se mantuvo fiel a sus pasiones. "No dejé de hacer deporte ni de leer. Me servían para desconectar", remarca.
En ese contexto, Alberto comenzaba a acercarse a los 80 años de edad cuando unos intensos dolores de espalda hicieron que su rutina se complicara aún más. Fue entonces cuando decidió acudir a la sede de Mar de Niebla, la entidad de la que le habló otra persona en situación de sinhogarismo. Al entrar en las instalaciones de la calle Magallanes se encontró con Blanca Álvarez, la trabajadora social que lleva a cabo las tareas de técnica del Proyecto Eslabón, un programa de intervención social de calle que desarrolla Mar de Niebla desde 2005 y con el que ya han atendido a cientos de personas para reducir la exclusión social, defender derechos y trabajar por la erradicación del sinhogarismo desde la cercanía, el respeto y la dignidad. En la actualidad el proyecto acompaña a unas 120 personas y el año pasado atendió a 316.
Cuando habla sobre lo que se encontró en Mar de Niebla, Alberto no para de sonreír en ningún momento. "Vine porque sentía que tenía que arreglar mi situación de alguna forma. Al llegar le conté mi realidad a Blanca y ella me empezó a acompañar. Su actitud me dio fuerzas al sentir que aquí me querían ayudar", expresa.
Situación en Extranjería
Blanca Álvarez se encontró con una situación compleja. Durante los primeros meses, en Mar de Niebla se centraron en que Alberto pudiera abrirse una cuenta bancaria con pasaporte. Después vino lo más complicado, regular la situación administrativa de Alberto en Extranjería. "Las posibilidades para ello son trabajar, estudiar o ambas y su edad hacía imposible eso. Era un panorama complicado", reconoce Álvarez. Finalmente, gracias a un trabajo de coordinación con otras entidades y con las administraciones locales y autonómicas, los papeles de Alberto estuvieron totalmente en regla en 2025. Para tener su NIE tuvo que esperar hasta este año. "Fueron procesos tediosos. La burocracia es una barrera para ejercer derechos", profundiza la técnica del Proyecto Eslabón.
Esos avances ya supusieron una enorme alegría para Alberto y quienes le rodeaban, pero todavía estaba por llegar el mayor logro. Desde el pasado jueves reside en uno de los apartamentos con los que cuenta el ERA en Gijón. "Me siento muy agradecido", subraya Alberto, al tiempo que Blanca Álvarez reivindica que "estamos muy felices de que haya conseguido lo que cualquier persona se merece, que es tener un proyecto de vida".
A sus 82 años, este argentino afronta el futuro con energía y entusiasmo. Entre los planes que le gustaría poder realizar apunta que le encantaría conocer el Acuario de Gijón y disfrutar de alguna función de danza en el teatro Jovellanos, así como viajar. Pero, por delante de todo, resume que lo que desea es "vivir". "Sentía que mi vida se había parado desde que pasé a estar en la calle", comenta Alberto, un admirador de la labor que lleva a cabo Mar de Niebla, la entidad a la que seguirá acudiendo a diario para leer libros de filosofía, realizar tareas en el huerto comunitario de la entidad y conversar con quienes supieron escucharle cuando todo se hundía.
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