Opinión
Soñando una ciudad
Cada cierto tiempo, el de las revisiones programadas del coche, subo andando desde La Calzada, mi viejo barrio de infancia temprana, hasta el centro. Lo hago con parsimonia, contemplando algunos hitos urbanos con los ojos del pasado, como ese IES, donde con nombre joseantoniano y separado entonces por campos de El Cerillero, empecé a lidiar con las letras, y la regla de don Severino, o el nuevo Ateneo, donde posé aterrorizado al lado del embetunado embajador de los Reyes Magos. Pasado Santa Olaya me desvío hacia el astillero y observo nuevas construcciones con muy buena hechura, alejadas de lo que antes era la imagen de El Natahoyo, y supongo que vislumbrando un futuro más reluciente. Y más allá la imponente estructura del Tallerón, toda una promesa de puestos de trabajo especializados tras el cartel que anuncia el nuevo propietario y pese a las “movidas” políticas que se observan en su presidencia.
Sigue la zona provisionalmente urbanizada del Gijón Azul, que también implica una expectativa de futuro para la ciudad si se llevan a cabo los planes del consistorio, con tanto de empresas relacionadas con las tecnologías marinas. Ojalá. Más allá, un área discontinua con la zona de Fomento y el Acuario por un barbecho industrial que, imagino, estará contemplado en los planes de ese futuro ideal que nuestros ediles nos prometen, aunque por el momento es una empresa, Pymar, la responsable de esa aberración estética actual. También ahí una zona de expectativas y promesas que por ahora está en un veremos.
No cuesta mucho, en una mañana soleada y amable, para un paseante ocasional, dejar volar la imaginación hacia las posibilidades que nuestra ciudad tiene, pero los años que llevamos de proyectos anunciados por las diversas administraciones que después han caído en el olvido, o inundados de agua como el túnel del metrotrén, o siempre esperando una primera piedra como la estación intermodal, o esa necesaria Zalia, derriten las alas de esos sueños y me traen pronto a tierra. ¿Será otra oportunidad perdida? ¿Veremos un desarrollo urbano, paisajístico, laboral y humano en esa fachada impresionante de nuestro viejo Gijón? O como en ocasiones anteriores tendremos que constatar que quedamos muy lejos de Madrid, y tampoco suponemos un saco de votos lo suficientemente importante como para que su perdida o adquisición mueva a quien gobierna en la capital a prestar atención a esta ciudad, cada vez más de viejos y turistas, que parece conformarse con esta lenta agonía.
Gijón tiene posibilidades de futuro, como muestra la ampliación del polo tecnológico, la Universidad Europea, o el proyecto Quirón, pero, suponiendo que los playos seamos capaces de remar en la misma dirección, necesita la ayuda de las administraciones superiores, regionales y nacionales. Ye lo que hay.
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