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Opinión | Tormenta de ideas

El "photocall" de los horrores

La noticia es sobrecogedora, en especial para los amantes de los animales como yo. Pero, además, los perros son mi debilidad. Tras ver los vídeos que aporta mi periódico sobre las condiciones de los pobres animales en ese criadero que, gracias a Dios, han clausurado, quedé primero espantada y luego totalmente indignada. Ahora, sabiendo la verdad, el horror es mayor al darme cuenta de quién hablaban, pues la imagen que proyectaban era de total paz y control en el mundo animal. El criador controlaba y mostraba con aparente amor el cachorro que ibas a buscar, y enseñaba lo bien que lo pasaban sus compañeros. Te hacía esperar meses para que estuviera bien vacunado y te permitía visitarlo para irlo conociendo. Te mostraba unas instalaciones donde los perros parecían adecuadamente tratados, jugando y felices.

Supongo que serían esos los que ya tenían dueño. Porque los que nacían y no eran vendidos, presumiblemente, acababan en las estancias del horror que, evidentemente, mantenían ocultas. Lo tenían todo maravillosamente orquestado: te escribían y esperabas con toda ilusión la llegada del nuevo miembro de la familia. Un cachorro que llevarías a casa para Reyes, dándoles a tus nietas la alegría de su vida, pues sería, seguro, el mejor amigo que tuvieran. Y cuando por fin llegaba el día, ibas a recogerlo y hasta tenían un photocall para que posaras con tu nuevo amor.

Este que se acurruca junto a mí cada noche, mi "Molke", mi compañero en estos días tan largos. El mismo que espera a las niñas, llorando de alegría cuando las oye. Él pudo haber sido uno de los que nadie quería, por ejemplo; pudo haber estado entre esa multitud de perros enfermos que sobrevivieron, a los que tuvieron que extirpar los ojos por falta de tratamiento, hacinados, con enfermedades contagiosas y mortales, y sin nadie que los pusiera en el maldito "photocall".

Les juro que esto me ha afectado mucho por varios motivos: primero, porque mi "Molke" salió de ese lugar y pasó sus primeros tres meses en manos de unos desalmados; segundo, porque me hace desconfiar de la especie humana. Es evidente que, en ocasiones, nuestra especie no se puede comparar con la bondad de los perros que viven con nosotros. Solo espero que caiga todo el peso de la ley y que, al menos esta vez, se haga justicia.

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