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El calvario de los vecinos del edificio La Estrella de Gijón: "Hay gente entrando en depresión porque no saben cómo van pagar"

Los residentes dan por perdida la ayuda europea: "No se puede justificar un retraso de un año"

Exigen explicaciones a la administración de la comunidad y a la constructora: "No tenemos la culpa, nosotros no salimos al andamio"

El drama de los vecinos de las torres de La Estrella: “Hay mucho oscurantismo

VÍDEO: Pablo Palomo / FOTO: Marcos León

Pablo Palomo

Pablo Palomo

Gijón

Los próximos años de María Antonia Montero deberían ser coser y cantar; vivir de las rentas de la jubilación tras una vida arreglando televisores. Sin embargo, sus ojos se se encharcan, enrojecen y expulsan una lágrima cuando discurre de su futuro. Ella es una de los más de 250 vecinos de las torres de La Estrella cuyas noches se hacen largas dando vueltas en la cama por la más que posible pérdida de la subvención de 2,46 millones de euros, concedida para modernizar y cambiar la cubierta y la fachada de las torres. Que los fondos europeos se evaporen antes de terminar una obra, que sigue avanzando a trompicones y con acusaciones vecinales a los administradores y constructora de "oscurantismo", pone contra las cuerdas los ahorros de los residentes de los "rascacielos" de El Natahoyo. A los casi 24.000 euros ya pagados por piso de la derrama para la obra, tasada en siete millones —la más grande en Gijón de este tipo—, asumen el desembolso de 9.000 euros extra para cubrir la pérdida de los fondos comunitarios. "Hay gente entrando en depresión porque no saben cómo van pagar", lamentan.

La reforma de las torres viene de largo. La comunidad, que engloba ambos bloques —el de avenida Galicia y el de Pachín de Melás—, pidió en 2021 la subvención para sufragar buena parte de la obra. Atrás iba a quedar el clásico color pardo de toda la vida, a sustituir por un gris más moderno tras cubrir las cubiertas originalespor miles de placas de zinc que, de paso, arreglaban filtraciones y otras dolencias derivadas del paso de los años. Aquella ayuda, ahora tormento, llegó 27 meses después. O sea, en 2023, y obligó a rehacer el proyecto para actualizar los precios. El nuevo contrato se aprobó en mayo de 2024 y las obras empezaron, por fin, en septiembre. Tenían que durar 18 meses, pero fueron apareciendo problemas (se encontró amianto) y la constructora tuvo que pedir una prórroga. Ni con el tiempo extra se cumplió. El plazo expiró el 19 de octubre y tampoco se cumplió. La torre uno, la de Pachín de Melas, sigue envuelta en andamios y con buena parte de la piel aún por mudar. En consecuencia, el Principado pulsó el botón rojo para retirar la ayuda.

"Hay gente que lleva noches sin dormir porque no saben cómo pagar"

Ese cronograma se lo sabe de memoria Pedro Lanchas. Se trata de un vecino de La Estrella de 73 años que trabajó toda su vida en el Tallerón y al que ahora no le ha quedado más remedio que hacer un curso acelerado de Derecho Mercantil para desenredar su situación. Lanchas echa cuentas. "Nos dieron tres opciones para la derrama. Iban desde los 24.000 euros a casi los 30.000", recuerda. "Hubo quien los pagó directamente, otros que eligieron pagar en 18 meses, por lo que fueron pagando al mes, que acaban ahora, 1.350 euros", prosigue. "Y hubo quien, por no tener ese dinero, pidió un préstamo a diez años", reseña. "En resumen, que la gente ha pagado como poco 25.000 euros y ahora va a tener que pagar entre 9.800 euros y 11.000, dependiendo del tamaño del piso", concreta. "Hay gente que lleva noches sin dormir porque no saben cómo pagar", avisan.

La pérdida de la subvención no es oficial, pero los vecinos la dan por hecha. No creen que ni la constructoria, ni los administradores vayan a dar la vuelta a la tortilla al Principado. "He estado en Oviedo. No he sido el único que se ha sentado con el director general de Vivienda y la respuesta es clara: no hay forma de lograr la subvención por ningún sitio. Es un año de retraso, eso no hay quien lo justifique", lamenta Lanchas.

María Antonio Montero descorre la cortinas del salón y las vistas son un enorme andamio. Vive en la torre dos, la que sigue en obras. Lleva ahí más de cuatro décadas y relata que, al poco de estrenar el piso, ya tuvo que manifestarse por problemas en la fachada. "Salimos una vecina y yo con pancartas. Eran otros tiempos, claro. Había más unión. Ahora, cada uno va más por su cuenta, pero no pasa nada: para pagar vamos a caer todos juntos", ironiza.

Montero, como Lanchas, da la batalla por perdida. "El administrador, cuando le preguntábamos que cómo iba todo, siempre decía que bien, que perfecto. No avisaron de nada y solo te dejaban leer el contrato si ibas a su oficina", critica Montero. A ella todo esto le pilla en la tercera edad. "Voy a pagar 35.000 euros. Era el dinero que tenía para la residencia, lo ahorrado de toda una vida, que ahora se lo llevan ellos. Y todo con mentires", zanja.

Míchel David Mejías tiene 24 años y vive con sus padres. Llega al bloque cargado de bolsas de la compra con su novia. Es estudiante y vive en La Estrella desde el 2017. "Tenemos mucha incertidumbre. No sabemos qué depara el futuro y nos ha faltado información", expone. Luis Javier Fernández Carrio es minero jubilado y de Blimea. Sus padres compraron sobre plano el piso en La Estrella en el que vive desde hace tres años. Para él, ese piso es su infancia. Son escapadas en tren desde la Cuenca del Nalón a la playa, largos días de verano de tortilla de patatas y nevera azul y botella de vino y gaseosa comprada en Los Eucaliptos. El conflicto le trae de cabeza. "Yo puedo pagar, gracias a Dios, pero hay gente que va a terminar muy, muy fastidiada. Aquí hay matrimonios jóvenes, con hijos e hipoteca, que ya se metieron en un préstamo para el primer arreglo y ahora esto", lamenta.

Otro mazazo y "mucho oscurantismo"

Los vecinos temen que su mala suerte no haya terminado. Concedida tienen otra ayuda para el arreglo de los patios de acceso. La obra va lenta, empantanada en el marasmo de la reforma principal. El riesgo de no llegar a tiempo es real. "Son 280.000 euros del Principado y la obra tiene que acabar en enero. No creemos que dé tiempo", lamenta Lanchas.

De "oscurantismo" habla Jesús Bruña, un vecino que lleva 27 años en La Estrella. Jubilado, trabajó toda su vida como carpintero de suelos. "A mí no me van a arruinar por 9.000 euros, pero está claro que es un perjuicio", enuncia. "Sobre todo porque no vamos a pagar por algo que ya hemos pagado. El dinero no lo ha perdido la comunidad, lo ha perdido la constructora y la administración. Hay mucho oscurantismo y no entendemos por qué la culpa es nuestra. Yo no salgo al andamio a poner las placas", finaliza.

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