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Adiós a mayo

Burla burlando se nos va mayo, mes de menestras, fresas y primeras comuniones. Y lo hace por la puerta grande, días de sol y calorina, con una playa de San Lorenzo a rebosar de bañistas, como nunca en fechas tan madrugadoras. Preludio de otro verano que será de récords, a nada que el tiempo acompañe.

En nada nos llegará el mes de junio, con el Corpus en la parroquia mayor, la fiesta del Sagrado Corazón, titular de nuestra basílica local, San Juan Bautista con sus hogueras y festejos, y el patrón San Pedro con bendición de las aguas y distinciones municipales. Y con la Cofradía del Carmen calentando ya motores para el mes de julio.

En vísperas de tantas fiestas de prao y romerías asistimos a un recurrente tira y afloja entre algunas asociaciones vecinales y de festejos y el ayuntamiento, a costa de la tramitación de los pertinentes permisos y autorizaciones. Sin duda que no debe ser fácil lograr el equilibrio entre una ansiada simplificación burocrática, y los crecientes requerimientos normativos y administrativos que, en los últimos años, y en un calvario que ciudadanos, empresas y demás entidades padecemos con obligada resignación, conocen una inflación desaforada y sin precedentes en todos los ámbitos.

Tensiones también entre los gobiernos central y autonómico a costa de los accesos al puerto y la llamada “humanización” de la avenida Príncipe de Asturias. Aquí hay que reconocer que ha dado en la diana el portavoz municipal de Izquierda Unida: no se trata de plantar árboles, que desde luego nadie va a oponerse, sino de quitar camiones de la circulación. Esa es la auténtica humanización que no acaba de llegar.

Al arbolado local dedicará una próxima ordenanza municipal la concejalía de medio ambiente. Y aquí también deberían buscarse, con sensatez y sentido común, los equilibrios necesarios. Esa moda, tan en boga en la ciudad últimamente, de dejar crecer los árboles a su libre albedrío en zona urbana plantea bastantes dudas. No sólo desde un punto de vista estético, o de posibles interferencias con el normal funcionamiento de servicios y vida ciudadana, sino incluso a la hora de garantizar la supervivencia de ejemplares históricos. Cabe recordar, al respecto, lo sucedido hace casi dos años con los castaños de indias de la plazuela de San Miguel, algunos de los cuales acabaron talados precisamente por la falta de labores de poda y saneamiento hechas a tiempo.

Y los gálibos, gracias a Dios, llegan ya a algunos de nuestros principales aparcamientos, como El Molinón. Se pone freno así al espectáculo de ver esos espacios convertidos en improvisados campings de autocaravanas y furgonetas camperizadas, a las que deberían ofrecerse alternativas pero desde luego alejadas del núcleo urbano.

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