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Gijón despide a Juan Ignacio Jareño, reputado tapicero que llegó a trabajar para la Casa Real

"Fue un hombre muy comprometido, que creía en la justicia social y que se sentaba en la cabecera de la mesa no para presidir, sino para observar", destacan sus hijos

Juan Jareño con su esposa, Cristina Amieva

Juan Jareño con su esposa, Cristina Amieva

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Pablo Palomo

Pablo Palomo

Gijón ha perdido a uno de sus vecinos ilustres. Juan Ignacio Jareño Tamargo, reputado tapicero y hombre de firme compromiso político, se despidió ayer de este mundo a los 84 años. Lo hizo después de una vida de lucha, de defender sus causas ante el mundo, de apostar por la carrera de sus hijos y dejando tras de sí una carrera profesional que le llevó no solo a dejar huella en su ciudad, sino también en la región y, de alguna forma, también en el país, puesto que llegó a trabajar para la Casa Real. "Tenía una capacidad para ver las cosas teniendo cuenta todo lo que ocurría a su alrededor", destacó este jueves Juan, uno de sus tres hijos.

Unos hijos que también son muy conocidos en Asturias. Porque, además de Juan Jareño, importante diseñador que dio forma a "Las Letronas", también contribuyó a traer a este mundo, junto a su esposa, la ya fallecida Cristina Amieva, a Héctor Jareño, también diseñador y alma máter de la firma de alta marroquinería artesana "Reliquiae"; y a Cristina Jareño, importante pilar en la empresa municipal de festejos Divertia.

Jareño Tamargo nació en Gijón hace 84 años. Empezó a trabajar primero en Oviedo y luego, tras mucho esfuerzo, montó su propio taller en la calle El Torno, en el barrio de La Calzada. Su obra ha llegado a muchos lugares de la geografía nacional. Fue el tapicero del yate "Fortuna", la embarcación del ahora rey emérito Juan Carlos I, pero también trabajó para la Junta General del Principado de Asturias. Además, dejó su impronta en los trenes Transcantábricos y en locales como el Korynto, en la calle Corrida. Estaba casado con Cristina Amieva, quien falleció hace unos años.

El tapicero se jubiló a principios de siglo, a los 65 años. "Fue un buen hijo, un buen padre y un buen esposo", destacó Juan Jareño. "Siempre se supo reinventar en todos los terrenos de la vida y manejar las circunstancias. Estaba muy implicado políticamente y creía en la justicia social", agregó. "Tenía la capacidad de ver lo que ocurría a su alrededor, era inteligente y sabía valorar no solo lo cercano, sino también lo lejano", apostilló. "Siempre apostó por sus hijos, por lo que queríamos hacer. Fue un hombre que se sentó siempre en la cabecera de la mesa, pero no para presidir sino para observar", finalizó Jareño.

Su funeral será en Carmelitas a la una de la tarde de este viernes.

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