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Cómo organizar un desastre

Uno de los retos con los que arrancó el actual mandato fue lograr una solución para sacar al Archivo Municipal del atolladero en el que se encuentra. Este servicio del Ayuntamiento de Gijón es crucial tanto para el funcionamiento de la propia administración local como para amparar diversas actividades ciudadanas, incluyendo entre ellas la investigación histórica sobre nuestro concejo.

Hablamos de un Patrimonio Documental irreemplazable generado durante el último medio milenio por la administración municipal y acrecentado por diversas cesiones, adquisiciones y donaciones.

Hablamos de documentos textuales escritos sobre pergamino y papel, de cartografía, de fotografías y material audiovisual, de folletos y de una relevante biblioteca de temática gijonesa. Hablamos de la suma de formatos analógicos y digitales con contenidos temáticos tan diversos como los que derivan de la actividad de una comunidad humana, en este caso la nuestra.Hablamos de un legado frágil que precisa de una ubicación acorde con parámetros técnicos precisos para garantizar su futuro.

El Archivo vivió a lo largo de su dilatada historia etapas mejores y peores. Quizás la más relevante respondió a la decisión tomada hace casi cuarenta años encaminada a implementar un proceso que subsanase el caos en el que se encontraba entonces sumido, disperso por diversos locales en condiciones deplorables, con personal insuficiente y expuesto a la pérdida de sus fondos por inundaciones e incluso robo.

Ese fue el inicio de un cambio que tuvo como claves la convocatoria de plazas de personal técnico, entre ellas el puesto de Archivero Municipal que desempeñó Eduardo Núñez Fernández hasta el inicio de esta década, y la construcción de un edificio autónomo junto a la Torre del Reloj.

Toda etapa tiene principio y fin. La sede de Cimavilla pronto se quedó pequeña -volvió a hacerse necesaria la habilitación de otros locales repartidos por la ciudad- y tuvo siempre como lastre crucial unas limitaciones de accesibilidad notorias. Hace años que es evidente la necesidad de adecuar una nueva sede, pero ha faltado voluntad política.

En cuanto a la plantilla, siempre exigua y cambiante, la jubilación del Archivero Municipal sin dejar resuelto su relevo ha supuesto un menoscabo significativo. Un asunto que, tras diversos avatares durante estos últimos tres años, ni se ha solventado ni parece que vaya a hacerse con la estabilidad que el puesto implica ¿Cuándo tendrá Gijón de nuevo un Archivero o Archivera Municipal? Ahí sigue la pregunta.

Y, como todo en la vida, siempre se puede ir a peor. En este caso lo peor está a las puertas tras la decisión tomada por el actual equipo de gobierno de trasladar el contenido de la sede del Archivo desde Cimavilla hasta El Natahoyo. El problema no es el barrio en el que se ubique el Archivo, el problema está en que el nuevo destino es un sótano emplazado en zona inundable, con un bloque de viviendas encima y más de dos docenas de canalizaciones de agua -muchas de ellas bajantes de aguas fecales- atravesándolo.

Hay algo muy significativo: siendo la necesidad de espacio y su reparto motivo de habituales refriegas entre departamentos y servicios municipales ¿por qué lleva este local en barbecho desde que se construyó hace dos décadas? No resulta difícil dar respuesta: sótanos, bajantes e inundaciones van siempre de la mano, de hecho en este mismo local es lo que ya ha sucedido.

Meter ahí los documentos que garantizan nuestros derechos, que respaldan la actividad municipal o que constituyen la base de la investigación histórica local es la peor idea que puede tenerse, pero es la que hay puesta sobre la mesa por la concejalía de Abel Junquera cabe entender que con el respaldo de la alcaldesa Carmen Moriyón.

Asistimos así a la organización de un desastre cierto, esencialmente, por que la misma coyuntura ya se ha dado antes. No en vano, desde el punto de vista técnico y de gestión de un archivo, esta siempre es una opción a descartar.

¿Podemos permitir que se juegue así con este legado? ¿No hay capacidad para ver que es más que probable que adaptar la antigua sede de la Comisaría de la Policía Local para nueva sede del Archivo Municipal sea la solución idónea?

Estamos en la encrucijada entre un desastre y una oportunidad única… miedo da pensar en lo elegido.

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