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Mael, el pequeño gijonés de 3 años tetramputado, recibe una ola de apoyo en el festival del Santa Olaya

Más de un centenar de niños participaron este lunes en una fiesta acuática solidaria para ayudar al pequeño gijonés y dar visibilidad a su asociación

El Santa Olaya convierte su festival de fin de curso en una ola de apoyo a Mael

Vídeo: Demi Taneva Foto: Marcos León

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Demi Taneva

Demi Taneva

Gijón

Lo que cada año sirve para despedir la temporada de las escuelas deportivas del Club Natación Santa Olaya tiene esta vez un significado especial. El festival de fin de curso se transformó este lunes en una cita solidaria dedicada a Mael, el pequeño gijonés de tres años que se ha convertido en un símbolo de superación tras sufrir una grave infección que obligó a amputarle las manos y los pies. Más de un centenar de niños de la Escuela Acuática y de los grupos prebenjamín y benjamín de la Escuela Deportiva llenaron la piscina de competición del club en una jornada concebida como una fiesta y no como una competición. El objetivo era celebrar el final del curso, mostrar a las familias el trabajo realizado durante la temporada y, al mismo tiempo, recaudar fondos para la Asociación Amigos de Mael (ANIMA2).

Durante el evento se instalaron huchas solidarias para recoger donativos destinados a sufragar terapias, material ortopédico, prótesis deportivas y otras necesidades del pequeño.

La elección de Mael no es casual. El pequeño participa en actividades acuáticas en el Santa Olaya y es una cara conocida para muchos de los niños que tomaron parte en el festival. De hecho, participó en algunos de los momentos más emotivos de la jornada, como la entrega de diplomas a los participantes.

“Somos socialmente muy empáticos con este tipo de cuestiones”, explicó el presidente del club, Gonzalo Méndez. La idea surgió al plantear que una actividad que reúne a tantos niños y familias podía convertirse también en una herramienta de solidaridad. “Este festival siempre se hizo, pero nos dimos cuenta de que también podía tener una finalidad solidaria. Mael viene aquí a nadar y fue el único sitio donde encontró una piscina que podía adaptarse a sus circunstancias. Dijimos: ‘Mael, ya está’”, relató.

Más allá de la vertiente solidaria, la cita sirvió para poner en valor el trabajo realizado durante todo el año por los más pequeños del club. “Es muy motivador para los niños y también para los padres. Están mirando para arriba para que les vean cuando se lanzan al agua. No deja de ser una fiesta”, señala Méndez.

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