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Entre soberbios anda el juego

Los vecinos de la zona oeste de Gijón revivieron en los jardines Lázaro Cárdenas con su acampada algo que debería estar ya funcionalmente operativo como los accesos a El Musel, así como el tráfico de camiones por la avenida Príncipe de Asturias. Sin embargo, ambas reivindicaciones persisten sin solución a pesar de tres décadas de lucha vecinal. El proyecto de acceso soterrado firmado en 2005 -licitado en 2023- fue descartado por Oscar Puente con argumentos técnicos poco convincentes a decir de técnicos padres del  proyecto.

Ante tanta desfachatez a los vecinos de La Calzada le sobran razones para manifestar y visualizar su protesta ante las falsas promesas que soportan durante tres décadas al sentirse ninguneados por la irresponsabilidad e incapacidad de la clase política para dar solución al vecindario de Cuatro Caminos sometidos a un problema de salud pública.

Dentro de la variedad de actividades se programó un debate público abierto al vecindario. Una mesa de debate intergeneracional separada por la brecha de edad del conflicto, 1994-2026. Activistas vecinales cargados de años de experiencia y jóvenes con espíritu emprendedor y asociativo exponiendo respectivamente su visión sobre la falta de accesos al Musel.

Esta sería la simbología central del debate que dejó al descubierto lo ya conocido, pero poco se ha dicho de la manera y personaje que provocó este culebrón. Por eso convengo en que tanto a la mocedad como a la sociedad hay que señalarle el origen de las cosas como referente memorialista para que cada cual saque sus conclusiones.

En Gijón existió un miura en la tauromaquia política municipal al que nadie estaba dispuesto llevarle la contraria a riesgo de salir de la tupida red clientelar que salvaguardaba sus intereses. La soberbia siempre le pudo. Se instaló en ella subvirtiendo el PGOU 86 que preveía un acceso al Musel por Jove en superficie convencional -semáforos y pasos peatonales- por un proyecto de autovía en trinchera en ciertos tramos del recorrido. Un quiebro tramposo a la normativa impropio de quien debería defenderla con rigor. Los fangos de aquellos polvos son los que nos han llevado hasta aquí. Quizás de haber existido cintura política más flexible las cosas hubiesen sido diferentes en su resolución para alivio de todos. Pero al pecado capital de la soberbia se sumaron empresas, politiquillos y pelotillas.

Dicho problema puede verse desde la óptica política, altura y pasión que se quiera, pero me parece justo recuperar la memoria colectiva que precedió al problema del vial de Jove. Fue la justicia Medioambiental de la UE quien invalidó la trampa de modificación del PGOU anulándola y exigiendo los protocolos de rigor susceptibles a infraestructuras. La UE le advirtió con dureza que la soberbia no es mecanismo adaptable a la política.

Pero apareció otro personaje soberbio y petulante. Oscar Puente, menospreciando a la comunidad asturiana tumba de un plumazo el proyecto soterrado aprobado en 2005 a condición de otro en superficie con argumentos tan sibilinos solo entendibles desde el rencor exacerbado a Asturias sin importarle que tal decisión conlleva a la asfixia logística y económica del Puerto, además, de crear un estado embarazoso a los vecinos de La Calzada.

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