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Los 104 años de Faustino Suárez, protagonista hoy en las protestas de La Calzada: "Carros y carretas seguimos aguantando y los que mandan continúan mareándonos"

"Siempre dormí a gusto y nunca me molestaron los camiones, pero si la gente joven de hoy en día sale a protestar, yo me sumo, porque hay que estar del lado de los obreros y apoyarles en sus reivindicaciones", expresa este vecino que fue el primer ferretero del barrio

Los 104 años de Faustino Suárez que simbolizan las protestas en La Calzada por el paso de camiones

VÍDEO: Carlos Tamargo / FOTO: Marcos León

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Cuando Faustino Suárez llegó a este mundo, el 18 de febrero de 1922, los mundiales de fútbol ni existían, hacía 16 días que James Joyce había publicado el ahora clásico "Ulises" y se estaban poniendo las bases de la Unión Soviética. En ese año, en un caserío de Jove a pocos metros donde ahora se asienta el hospital, una pareja del valle de Carreño sumaba su octavo hijo a la familia. Ese era Faustino Suárez, que más de un siglo después, mantiene intactos los recuerdos de sus primeras andanzas en la zona oeste de Gijón. También de sus viajes, su vida en Venezuela y como se convirtió en el primer ferretero de La Calzada en un edificio que levantó con sus manos y que fue demolido para ampliar la avenida Príncipe de Asturias, principal artería del barrio que está colapsando bajo el paso de camiones y transportes pesados.

Suárez es el protagonista de la semana en las protestas que los vecinos llevan impulsando desde hace años. Hoy será el encargado de colgar el cartel con el número 104 que, además de su edad, son los días que llevan en el barrio sin tener respuesta del Ministerio de Transportes. "Mucho tuvimos que aguantar y seguimos aguantando. El polvo que levantan, el ruido..., carros y carretas aguantamos la gente de aquí y siguen mareando los que mandan. Mil argumentos sacan para no hacerlo", resume Suárez acerca de los problemas de contaminación que siguen sufriendo.

Poco queda de esas calles que conoció de pequeño, cuando "todo eran casinas y pequeños talleres" a los que no tardó en sumarse como trabajador. "Estuve dos años aprendiendo dibujo lineal en una escuela que había en la subida de Santa Olaya. Ahí nos daba clase Tirso Garrachón que era un profesor que sabía de todo, un todoterreno", afirma. Con su bicicleta como medio de transporte, iba y venía por todo Gijón buscando un oficio que logró asentar en Laviada con su primer taller de ebanista en la calle Los Pedregales cuando apenas tenía 20 años. "Hacía todo tipo de muebles y así estuve siete años, pero parecíame que no había mucho futuro y que calentaba más el sol en otro lado", expone. Ese calor laboral lo encontró en Caracas, a donde se dirigió el 18 de enero de 1950 embarcado en el buque "Monte Auseva". "Estaba soltero y dejé a la mocina que tenía aquí. Marché libre como pájaro en el aire, aunque estuvimos escribiéndonos durante tres años y ocho meses, hasta que le propuse que se fuera a vivir conmigo", rememora Suárez acerca de los comienzos de su relación con María Luisa Menéndez, una mujer "muy abierta e inteligente" que acabaría siendo su mujer, con la que tendría dos hijas, Marisina y Elvira y de la que quedó viudo hace apenas unos meses.

"A los dos meses de llegar conseguí instalarme en Caracas y montar mi propio taller junto a un valenciano que era un artista de primera. Nos fue de maravilla, trabajamos con el Ministerio de Comunicaciones, el aeropuerto de Maiquetía lo amueblamos nosotros..., llegamos hasta a hacerle cosas al Nuncio de Caracas", detalla Suárez que, a base del boca a boca y el buen hacer, consiguió una gran clientela en el país.

En 1953 regresó a Gijón para casarse con María Luisa Menéndez y ambos volvieron a Venezuela donde al poco tiempo tuvieron a su primera hija. "La vida se nos complicó un poco porque la casa se nos quedaba pequeña y decidimos que, ya que teníamos algo de dinero, era el momento de regresar", recuerda. En un primer viaje, su mujer y su hija llegaron a Asturiascon la promesa de Suárez de que a los dos meses les acompañaría. Sin embargo, los dos meses se convirtieron en dos años. "María Luisa había marchado con Elvira en la barriga y cuando vine de vuelta a Gijón ya tenía dos años. Caminaba y todo", asegura, añadiendo que fue su mujer la que encontró el lugar para establecer a la familia. "Había un solar hermoso que nadie se atrevió a meter el diente porque costaba 700.000 pesetas", asegura Suárez que fue el valiente que no solo se hizo con la parcela, sino que levantó un edificio con bajo y cuatro plantas. "Mi idea era poner una ebanistería, pero un trabajador de la ferretería Rubiera me dijo que en La Calzada no había ni una ferretería", explica.

Siguiendo el consejo, en 1962 estableció el negocio que rápidamente adquiría gran fama. "Vendíamos de todo, tornillos, lavadoras, televisores... Llegamos hasta hacer coronas de flores para los funerales", asegura Suárez que vivió una época de mucho cambio tecnológico, como cuando para el Mundial del 82 les llegaron a comprar 160 televisores. Así estuvieron hasta 1986 cuando les expropiaron el edificio para la ampliación de la avenida Príncipe de Asturias. "Me ofrecieron de primeras 50 millones de pesetas y les pude sacar hasta 70. Luego la Caja de Ahorros me dio 20 más, por otra parte, que necesitaban para la sede que hicieron luego", confiesa. Rozando la edad de jubilación, decidió terminar su vida de trabajo remunerado, pero no descansó. Con casi 70 años construyó la casa de su hija en Cuenca y también la farmacia donde trabajaba.

Se mudó a la calle Oriental y continuó haciendo algún trabajo que otro como cuidar su jardín, una de sus grandes pasiones. Al "Campeón de La Calzada", como algunos vecinos lo reconocen, todavía se le puede ver a sus 104 años cargado con bolsas de regreso de la huerta y manteniendo el espíritu trabajador del barrio que le vio crecer y que ahora sigue luchando por deshacerse del tráfico pesado. "Toda la vida lo hubo, hasta cuando trabajaba en Cuatro Caminos. Bien es cierto que yo siempre dormí a gusto y nunca me molestaron, pero si la gente joven de hoy en día sale a protestar, yo me sumo, porque hay que estar del lado de los obreros y apoyarles en sus reivindicaciones", sentencia Suárez que volverá a salir a la calle para pelear por la zona oeste.

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