El Ateneo Obrero de La Calzada: desde la primera sede a la actual
Los orígenes en la calle Daniel Cerra

Aspecto actual del Ateneo de La Calzada. / Fernando Rodríguez
La primera sede del Ateneo Obrero de La Calzada (1904) estuvo ubicada en la actual calle de Daniel Cerra. De la actividad desplegada a partir del momento histórico da cuenta la "Memoria del curso de 1921 del Ateneo Obrero de Gijón".
La de La Calzada cuenta en la actualidad con 181 socios de número y 18 protectores, su biblioteca circulante posee 1458 libros, de los cuales está en impresión un nuevo catálogo, y tiene 141 socios. Se han explicado durante el curso ocho conferencias, que versaron sobre materias sociales, científicas y geográficas. Costea unas clases nocturnas a las que asisten 75 obreros, en las cátedras de Matemáticas, Francés, Elementos de Geometría, Escritura y Lectura, y otras diurnas, para niños, a las que asisten 125 alumnos de los dos sexos. Al liquidar el presente año económico existen en la Caja de la Sociedad 626,40 pesetas.
Lo documentado recoge que uno de sus primeros presidentes fue Jacinto Sánchez Aladro, maestro industrial, que tenía una carpintería en el barrio. Le sucedió Francisco Canteli, practicante de la Junta de Obras del Puerto, que tuvo que afrontar uno de los momentos de crisis más delicada de la historia del centro. El barrio en aquel entonces estaba bastante abandonado en asuntos de enseñanza por lo que se creó una escuela dentro del mismo Ateneo, la cual empezó con una matrícula de 55 niños de ambos sexos a cargo de una profesora. Los apuros vinieron al no poder hacer frente a los gastos que la escuela ocasionaba ya que para su sostenimiento contaba con la módica cuota que los socios pagaban. Al final la intervención del Ayuntamiento con una subvención anual de dos mil pesetas zanjó la crisis económica.
Pero un problema llama a otro, cuando todo indicaba que la placidez se volvía norma, se presenta otro de mayor dificultad en busca de una solución gravosa como era la venta del edificio de la calle Daniel Cerra al alegar el dueño que necesita la casa para vivir él mismo, obviamente, había que dejarle libre la casa.
Esta circunstancia obliga a la compra y construcción de un edificio social si se desea que el Ateneo no muera, pero esta empresa bastante difícil no arredra a la directiva que se sostiene en la idea de que nada es imposible. El capital social disponible en el momento solo alcanza para el terreno necesario. El terreno en cuestión para levantar el edificio social está situado en el mismo barrio de La Calzada, casi enfrente de la casa desocupada, mide una superficie de 405 metros cuadrados, tiene un frente a la carretera de Gijón a Avilés de 15 metros, por 25 de fondo, está haciendo esquina.
El costo según el plano y presupuesto hecho por el distinguido arquitecto don Francisco Carreras será aproximadamente de 50.000 pesetas, y con el fin de ir recaudando fondos hemos emitido unas acciones amortizables al 5% y contamos con varios ofrecimientos de algunas industrias locales, entre ellas como más importante citaremos a Moreda y Gijón y Fábrica de Sombreros, aparte de la ayuda de nuestra central el Ateneo de Gijón, siendo nuestro proyecto reunir ya qué no el total del costo del edificio por lo menos el 30 al 40% del importe, para luego, y mediante un préstamo sobre obra construida, terminar nuestro edificio, proyecto este que no nos parece muy difícil, si como esperamos este Ilustre Ayuntamiento, que tan atento se muestra con las obras de enseñanza, nos consigna en sus próximos presupuestos una cantidad que, sin ser muy elevada, pueda ser una eficaz ayuda para la situación en la que nos encontramos. La Comisión Municipal desestima esta solicitud al considerar que ya concedía una subvención anual de 2000 pesetas.
Por tanto, para tan magno proyecto, en 1927 se recurre a una suscripción popular de acciones para levantar un edificio, propiedad del Ateneo Obrero, en donde se edificaría su sede. El lugar elegido es el que ocupa actualmente el presente Ateneo Obrero de La Calzada. Albañiles, y trabajadores diversos del barrio son los que levantan el edificio, con su trabajo voluntario y esfuerzo personal los fines de semana.
Desde aquella lejana fecha el Ateneo ha sido fiel a sus principios de activismo social para el que fue creado garantizado su futuro a base de impulsar acercamiento y colaboración con los diferentes colectivos y asociaciones que han ido implementando a lo largo de la longevidad de sus instalaciones sujetas a planes o proyectos estratégicos.
Buena parte de ese reconocimiento lo corrobora la creación de vínculos de ámbito socioculturales y vecinales que nunca dejaron de desarrollarse como amplio concepto asistencial propiciando espacios para la enseñanza, reflexión y debate sobre temas de actualidad que -sin duda- contribuyeron a engrandecer la simbiosis intergeneracional del pensamiento crítico. La gente, el vecindario, fueron testigos de los cambios en la medida que se producían sintiendo que con cada uno que se llevaba a cabo cambiaban también ellos. El Ateneo como espejo ha sido el mejor aliado con sus reflejos de captación y orientación. Sin buscarlo, ahí estaba, surtiendo el efecto talismán formativo, educacional y de prestación de servicios sociales demandados por la numerosa población, clase obrera, humilde y necesitada proclive a cada época sabiendo, en todo momento, el potencial humano y del conocimiento que se iban a encontrar al atravesar sus puertas.
El Ateneo, como centro social, no ha dejado a nadie atrás pues siempre se ha caracterizado en garantizar el correcto uso de las instalaciones y exquisito tratamiento a los usuarios en sus 122 años de historia (1904-2026). Ni siquiera el fatídico corte histórico que supuso la guerra civil y el implacable control de la dictadura durante las décadas siguientes, consiguió destruir las realizaciones sociales asociadas al periodo republicano ni por supuesto, el deseo popular de recuperar su existencia, como así ocurrió con la vuelta de la democracia.
Puede decirse -creo que acertadamente- que la transición de la sede inicial a la actual es el triunfo de la voluntad. Triunfo de la voluntad de entusiastas de la cultura, la enseñanza y del obrerismo desprendido que no se arredraron ante las dificultades y que, como verdaderos paladines de ideales solidarios, pusieron en la loable empresa todos sus afanes hasta conseguir los objetivos. Por tanto, el nuevo edificio es el feliz término de la iniciativa popular y consecuente labor plural que echó a andar a comienzos de febrero de 1904 con la inauguración de la sede en la calle Daniel Cerra en La Calzada.
