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El gigante que regresa a la Semana Negra para mostrar Gijón desde las alturas: "Da vértigo, pero impresiona"

La noria, de 54 metros de altura, regala una panorámica única

La postal pop-Up De Gijón: así son las vistas desde la noria de la Semana Negra

Foto: Juan Plaza

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María Velasco

El viaje empieza despacio, la música lo acompaña mientras que la cabina se separa del suelo, y poco a poco, el ruido de la Semana Negra se escucha a lo lejos. Desde arriba, el recinto deja de ser un laberinto de casetas, atracciones y visitantes para convertirse en una maqueta de unas vistas que invitan a sacar el móvil para inmortalizar el momento. El edificio de la Empresa Municipal de Aguas se ve como un donuts pequeñito, el tráfico en la avenida Príncipe de Asturias luce como coches de escalextric y los edificios de la Estrella despuntan en El Natahoyo.

Así es la panorámica desde la atracción conocida como «Giant Wheel Mirador» o, como todo el mundo la conoce, la gran noria de la Semana Negra. Un gran disco metálico, con cabinas de colores y 54 metros de altura que ofrece un balcón privilegiado sobre Gijón durante el tiempo que dura este viaje circular. «Se siente un poco de vértigo, pero las vistas merecen mucho la pena», afirmaron muchos de los pasajeros de la gran noria, que regresa este año a El Arbeyal tras su ausencia del año pasado.

Y es que el paisaje merece la pena. Desde el punto más alto se dibuja una auténtica postal de la ciudad: el recinto de la Semana Negra a los pies de la noria, el puerto de El Musel y la costa gijonesa en su margen oeste pueden contemplarse desde esta altura convirtiendo cada cabina en un pequeño mirador. La subida, no obstante, no es apta para todos los públicos. Antes incluso de subir, las emociones ya se mezclan. Lo contaba, por ejemplo, Noelia Santa Marina, que esperaba su turno junto a su familia. «Se siente un poco de vértigo, pero también mola mucho ver todo desde ahí arriba, mi familia y yo estamos muy emocionados por subir», comentó esta mujer, antes de subir.

Otros afrontaban el reto con algo más de respeto. «Es la primera vez que me monto. Tengo vértigo y voy a estar cagado durante todo el viaje», dijo, entre risas Marcos González. Una vez en marcha la velocidad juega su papel. Cristina González explicó que «es súper bonito verlo todo desde arriba, pero yo creo que la velocidad que tiene es lo que me da más miedo». La misma impresión tuvo Diego García: «La playa es lo que más se ve desde arriba y lo que más me gusta de la noria es la altura. Me fascinan».

El paisaje termina imponiéndose al vértigo. Marcos Gutiérrez Pola, que subió acompañado de los más pequeños de la casa, resumía la experiencia asegurando que «está muy bien, les ha encantado a los niños y eso es lo más importante». Dentro de la cabina, las sensaciones son parecidas. A su vez, el pequeño Adrián García define la atracción como una experiencia que «es muy guay, pero a veces da un poco de impresión». Mientras, su madre Noelia López la resume con una sola palabra: «Impresionante».

Al bajar, las caras lo dicen casi todo. Una mezcla de alegría, alivio para los que sufren con las alturas y ganas de repetir para los más intrépidos. La pequeña Alicia Capelete, todavía con una sonrisa de oreja a oreja, aseguró que había sido «increíble». Su madre Alejandra Gutiérrez, admitió que «ha sido una auténtica aventura estar ahí arriba con mi hija, me ha dado un poco de vértigo, pero creo que ya es cosa de la edad», finalizó esta mujer que, como el resto de gijoneses y turistas que visitan la Semana Negra estos días no pueden sino maravillarse con la noria. Ya sea desde el suelo o desde las alturas, sigue siendo un icono del certamen literario más popular del verano.

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