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García Montero y Mendoza, antídotos para el hoy en la Semana Negra de Gijón

El director del Instituto Cervantes y el novelista mexicano reflexionan sobre el "ruido contemporáneo" y la literatura

Luis García Montero, ayer en la Casa del Libro.  | ÁNGEL GONZÁLEZ

Luis García Montero, ayer en la Casa del Libro. | ÁNGEL GONZÁLEZ

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Álex Redruello

Gijón

La cafetería del Hotel Don Manuel fue el escenario ayer de una doble jornada de reflexión literaria y social en la Semana Negra, de la mano del poeta y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y el gran referente de la literatura negra mexicana, Élmer Mendoza. Ambos protagonizaron una mañana en la que la defensa cultural del libro se erigió como antídoto contra el ruido y el individualismo.

El encargado de abrir la jornada fue Luis García Montero, quién acudía al festival gijonés para presentar su novela "La mejor edad". En una intervención marcada por su profundo compromiso social, el autor granadino trazó un paralelismo entre los últimos 50 años de historia de España y la actual crisis del sector judicial, alertando sobre la degradación de las instituciones democráticas. "Estamos viendo una noticia detrás de otra de una pérdida de independencia y de profesionalidad judicial en jueces que están trabajando sin conciencia profesional ninguna y donde los ciudadanos estamos condenados a sospechar sobre la actividad de la justicia", dijo.

Por la izquierda, el director de la Semana Negra, Miguel Barero, Elmer Mendoza y Carlos Fortea.

Por la izquierda, el director de la Semana Negra, Miguel Barero, Elmer Mendoza y Carlos Fortea. / Ángel González

Frente a ello, Montero defendió la necesidad de construir espacios de convivencia basados en el cuidado mutuo y el respeto: "En el amor y en la vida es muy importante que ese ‘nosotros’ no sea la imposición de una identidad autoritaria, sino la capacidad de respeto al otro en la conciencia de que todos vamos a necesitar ser cuidados y todos necesitamos cuidar", contó. Sobre el papel de la poesía y la literatura en la era de las redes sociales, fue tajante al reivindicar la pausa que exige la lectura. "La inmediatez y la prisa son una dinámica que pone muy en duda la libertad del ser humano y los valores democráticos", reflexionó.

El relevo lo tomó Élmer Mendoza, acompañado por el profesor Carlos Fortea. Mendoza, que llevaba más de 20 años sin pisar el festival, rememoró emocionado la magia del mítico "tren negro" y puso en valor el profundo sentido de pertenencia que une a los escritores del género policial a nivel global. "Los negros tenemos eso, podemos estar en desacuerdo, pero la amistad siempre se conserva", bromeó. "Que no sea por nosotros que se rompa la idea que la gente pueda tener sobre lo que escribimos", agregó.

El escritor mexicano hizo un llamamiento a la solidaridad en un mercado editorial cada vez más competitivo y saturado, recordando una lección que aprendió de figuras como José Emilio Pacheco. "Tenemos que ayudar a los otros. Los autores negros sí nos recomendamos los libros de nuestros colegas, y eso es lo que el género necesita para seguir demostrando que no es algo menor".

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