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Dos jóvenes pescadores capturan y devuelven al mar dos tiburones cazón en la playa de El Arbeyal

Los ejemplares inofesivos, de unos 20 kilos, picaron en apenas media hora y fueron liberados por Iker Gabarre y Tito Levian tras ser fotografiados: "Lo importante es la experiencia"

Dos jóvenes pescadores capturan y devuelven al mar dos tiburones cazón en la playa de El Arbeyal en Gijón

LNE

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Demi Taneva

Demi Taneva

El Arbeyal

Lo que parecía una noche más de pesca acabó convirtiéndose en una experiencia difícil de olvidar para dos jóvenes gijoneses. Erik Gabarre y Tito Levian, de 25 años y vecinos de La Calzada, capturaron el pasado 8 de julio, sobre las diez de la noche, dos ejemplares adultos de cazón, una especie de tiburón inofensiva y habitual en el Cantábrico, mientras pescaban desde la zona de El Arbeyal. Tras fotografiar al primero de los animales, ambos fueron devueltos al mar.

Iker Gabarre, con el ejemplar de tiburón que pescó.

Iker Gabarre, con el ejemplar de tiburón que pescó. / .

Los pescadores llegaron preparados después de que la noche anterior detectaran que algo de gran tamaño rompía una y otra vez sus aparejos. “Pensábamos que eran corvinas grandes”, explica Gabarre. Al comprobar que se trataba de tiburones, regresaron al día siguiente con un equipo más resistente. “Cambiamos los carretes y los bajos de línea porque sabíamos que con el material del día anterior era imposible”, relata. La estrategia dio resultado y, en apenas media hora, consiguieron sacar dos ejemplares que calcula que rondaban los 20 o 25 kilos.

Aunque lleva pescando desde los cuatro o cinco años, asegura que nunca había vivido una experiencia similar. “Sabíamos que el año pasado se habían visto por la zona, pero no imaginábamos que íbamos a pescar dos”, comenta. Según explica, la presencia de estos animales cerca de la costa puede deberse al aumento de la temperatura del agua y a las corrientes del sur, que favorecen que se acerquen a reproducirse.

La captura despertó la curiosidad de las personas que paseaban por la zona. “Habría unas veinte o treinta personas mirando”, recuerda. Tras inmortalizar el momento con fotografías y vídeos, los dos pescadores devolvieron los cazones, una especie en peligro de extinción, al agua. “Lo importante fue la experiencia. Las carreras que daban al tirar de la caña fueron espectaculares”, concluye.

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