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Opinión

Toca despertar

Nuestra ciudad se entiende cada vez más desde el deseo, desde la ensoñación de lo que decimos que seremos y tendremos, que desde la realidad consumada de hechos materializados en forma de infraestructuras y proyectos. Hemos llenado nuestras cabezas y nuestras conversaciones de palabras que por el mero hecho de pronunciarlas nos creemos que van a ocurrir. Gijón muta desde hace muchos años engatusada por el carácter performativo de promesas y titulares en prensa. Obras y proyectos que copan los programas electorales y los debates públicos, alimentando un mito quimérico inalcanzable en los tiempos que corren.

"Lo único imposible es aquello que no se intenta" entretiene de manera sibilina nuestra capacidad de obrar y actuar sobre una realidad compleja que tiene ante sí muchísimos debes. Simplificamos el intento de las cosas al mero hecho de mentarlas, de enunciarlas. "Vamos a resolver el problema de la vivienda", "Gijón contará con un metrotrén", "la zona oeste será liberada del tráfico pesado gracias al vial de Jove"… dicho queda. Ahora bien. Si el intento tan sólo adquiere forma de verbo, en eso se queda. Tras esto, nada. Estériles intentos de alimentar el mito con el fin de justificar que lo hemos intentado. Pero siempre, el mismo final.

El "puedo prometer y prometo" ha quedado reducido a "puedo prometer lo que sea, que nada se va a poder hacer".

Podemos señalar a la esfera política como grandes valedores de este abono especial de desafección. Pero reconozcamos que vivimos inmersos en una espiral de deseos y ensoñaciones que nos anestesian y prometen paraísos que nunca llegan. Aunque habría que redefinir qué entendemos en 2025 como paraíso, ¿cuáles son las condiciones idóneas para gozar de una vida plena?… puede que sea la gran deconstrucción que tenemos por delante.

Volviendo al señalamiento de quienes lideran las tomas de decisiones, algo está claro. Por muchos estudios, sondeos, difusiones, maquetas o desiderátums que pongamos ante nuestros ojos, el fracaso continuado de las "grandes obras" lapida nuestra grandonería histórica.

Quizás debemos prestar más atención a los detalles. A esas pequeñas cosas que nos facilitan o dificultan la vida. A la política del día a día, de la calle… alejada de focos excéntricos que distorsionan nuestra verdadera capacidad de hacer cosas.

No pretendo nutrir de elementos la desidia y falta de ambición. Pero más pronto que tarde, tocará asumir con humildad y honestidad lo que podemos, debemos y sabemos hacer. Reconocer que necesitamos una altura de miras por parte de todos los niveles de administración; que los partidos políticos deben resituar su foco para velar por el bienestar de quienes estamos de paso en esta ciudad, país y planeta… Es el momento de pinchar la burbuja performativa de promesas estériles y faraónicas que se intentan abordar de manera simple. Toca despertarles, toca despertar.

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